En el sur de Laos el río Mekong se hace mas ancho y de sus aguas nace un archipiélago de miles de islas e islotes llamado Si Phan Don, Las Cuatro Mil Islas. Las más grandes están habitadas y algunas de estas poseen infraestructura turística, pequeños bungalós y restaurantes.
Las comunidades isleñas son prácticamente autosuficientes, cuentan con agua del rio y de algunos pozos subterráneos, cultivan arroz, caña de azucar, frutas y vegetales; tienen marranos, gallinas y búfalos de agua; pescan y tejen. La forma de cultivo local es muy interesante. En temporada seca, el rio baja su nivel dejando extensiones de tierra ricas en nutrientes las cuales son ideales para el cultivo (esta forma de cultivo ya la habíamos visto a lo largo del río Mekong). Adicionalmente, cada familia tiene su mini huerta local, la cual es construida sobre canoas de madera o superficies de bambú, las cuales son elevadas de suelo y se les adiciona una capa de tierra no muy gruesa sobre la cual se siembran diferentes tipos de legumbres, tubérculos y verduras. Estos mini cultivos, además de proveer verduras frescas y orgánicas, le dan un toque muy especial al lugar.
En el extremo sur de las 4000 islas, en la frontera con Cambodia, se encuentran dos pequeñas islas mellizas conectadas por un puente, Don Det y Don Khon. Las dos cuentan con infraestructura turística, sin embargo, Don Det atrae el tipo de turista mochilero, mientras Don Khon, que es un poco mas tranquila, ofrece hospedaje con mayores comodidades y a un mayor costo. Nosotros elegimos como destino (obvio) Don Det.
Llegamos a Don Det al medio día después de cuatro horas llendo sur y un bote de 15 minutos desde el puerto de Nagasan. El bote nos dejó en la punta norte de la isla con forma de diamante de dónde se desprenden las dos pequeñas "calles", mas bien trochas, que rodean la isla. La izquierda es conocida como "sunrise st" y su opuesta, sin otra alternativa "sunset st". La calle del amanecer podría denominarse como la principal pues esta más "desarrollada"; la punta norte con su pequeña playa es el inicio de esta y lugar de varios restaurantes, guías turísticos y minimercados locales. La calle del atardecer, derivada de la otra unos metros mas abajo, se ha visto convertida en miles de pequeños bungalós que los locales, con el boom del turismo, construyeron en sus tierras, algunos con mas espacio construyeron restaurantes que vuelan sobre el río en sencillas construcciones de concreto y bambú.
Unas semanas antes, al rededor de una fogata, un hombre llamado Stu, nos contaba de su experiencia en las 4000 islas. Él, que durante un mes recorrió los polvorientos caminos de la pequeña isla, hablo de un ingles que estaba construyendo desde hace unos meses unos Teepees al extremo de uno de los caminos, vecinos a esto, una pareja franco-australiana había montado hace unos años un restaurante vegetariano con ingredientes de su huerta orgánica.
Al llegar a la isla con nuestras maletas nos pusimos en búsqueda del confuso lugar. Sin embargo, después de casi una hora de camino nuestras esperanzas de encontrarlo iban desapareciendo a medida que el sol se hacia cada vez mas intenso.
Decidimos caminar un poco mas, hasta la siguiente casa lejana, "si no es esa, regresamos". Por suerte la casa era el "Veggy Patch", el restaurante vegetariano, y allí conocimos a Dominic y Alex, los dueños de este delicioso lugar. Ellos nos indicaron el camino a los Teeppes, que quedaban a unos 50 m del restaurante/huerta orgánica.
Tanya, "the sticky rice queen", una fisioterapeuta australiana muy buena onda, que prepara un delicioso arroz con leche de coco, nos recibió al llegar a los Teepees, "The Last Resort". Nos mostró el lugar y quedamos enamoramos a primera vista. Tanya, que es la hermana de Dominic (razón de su visita a la isla), estaba viviendo en los Teepees desde hace unos meses ayudando a Jhon, el dueño del Resort. Con ella hicimos una gran amistad y compartimos la mayoría del tiempo de nuestra estancia en la isla.
Tres Teepees situados alrededor de una fogata, un gran circulo de piedras con enormes troncos de madera. Una pequeña cocina al aire libre, conformada por dos fogones de leña, una nevara (caja con hielo), un balde con agua para lavar los platos y un meson de madera remataba el "Resort". Un área común, frente a la cocina, con una gran mesa de bambú con colchonetas (una gran cama comunitaria) y una pequeña biblioteca con un equipo de sonido, era el lugar de relajación, lectura y relajación. El baño y la ducha, hecha a partir de una regadera de matas y alumbrados con lucesitas de navidad bombeaba agua helada de unas canecas ubicadas detrás del baño.
Jhon, un banquero ingles que a sus 29 años, tras diez de trabajar en un banco, decidió vender sus cosas e irse a vivir a Don Det, después un viaje que cambió su vida. Llevaba construyendo el lugar tres meses con ayuda de amigos y algunos huéspedes que quisieran colaborar.
Los Teepees estaban construidos a partir de una estructura cónica muy sencilla de troncos de bambú cubierta por tapetes de tejidos en fibra de bambú y encima un techo de densa paja. Una puerta y dos ventanas de madera remataban la estructura. En total había tres Teepee construidos, en el que vivía Jhon, el de Tanya y el nuestro.
La ubicación es perfecta, lejos del pueblo y su densa concentración turística en búsqueda de fiesta y ruido o de relajación de ojos rojos y hambre. Nuestros vecinos excelentes, Dominic y Alex. Con dos deliciosos restaurantes al lado, el Veggy Patch (de los vecinos citados) y Mrss. Noupping.
Mrss. Noupping es un muy buen restaurante local, y además, el más barato de la isla. En resumen, su relación calidad-precio es insuperable, totalmente recomendado. La dueña y cocinera se llama Tu, es queridísima y todo un personaje, el nombre del restaurante proviene de su hija Noupping (de ahí que Ms sea Mss, era un bebe).
Después de pocos días allí ya nos sentíamos como en casa y a nuestro grupo de amigos como una pequeña familia. Construimos una pequeña comunidad apartada del resto de la isla, y aunque la isla en general es muy linda, el lugar particular con su buena energía y nuestros amigos, fueron la razón principal por la cual decidimos quedarnos varios días.
La primera noche fue de cine al aire libre y asado cocinado por Jhon en sus pequeñas estufas de carbón. La película se proyectaba en una tela blanca sostenida por dos palos de bambú frente a la cama comunitaria en donde la gente se sentaba, veía la película, comía y tomaba cerveza y Lao Lao (el wiskey local). También encendimos la fogata con grandes y pequeños troncos, ramitas y paja, que Martin y Jhon habían recolectado cuidadosamente durante un buen rato en la tarde.
La mañana siguiente, emocionados con nuestra cocina de leña, decidimos hacernos un desayuno especial, arepas! Si que las extrañábamos... la noche anterior habíamos encontrado harina de maíz en el pueblo, y la brillante idea se nos ocurrió. Con los ingredientes listos nos dispusimos a encender el fuego, esta tarea duro casi una hora. Por fin cuando el fuego estaba en el punto exacto, un local (el sordomudo distribuidor de carbón) llegó de la nada apago nuestro fuego, haciendo gestos de "esto no puede ser! Cómo se les ocurre!", llenó nuevamente los fogones con tronquitos de madera y carbón que había traído y lo encendió en pocos segundos. Con el fuego nuevamente listo se produjo el segundo inconveniente, las arepas. La harina de maíz que conseguimos era demasiado fina, y por lo tanto, mas que arepaharina parecía maicena. La masa no cogía consistencia y era imposible de amasar, intentamos adicionar huevos, leche, mas agua... pero nada, así que optamos por cambiar de menú por una creación incierta. Después de varia horas en la cocina, e intentando todo lo que se nos ocurría obtuvimos un delicioso desayuno/almuerzo. Tanya preparo té, hicimos huevos fritos con cebolla y tomate, todo esto acompañado con la nueva creación, una especie de arepa-creppe-pancake. El resto del día fuimos obligados a descansar!
Al día siguiente, alquilamos bicicletas y nos fuimos con Tanya a la isla melliza, Don Khon. En el costado occidental de la isla hay unas impresionantes cataratas sobre el rió, formadas por un repentino cambio en el nivel del suelo. Las cataratas son conocidas por el nombre de Li Phi, que quiere decir trampa de espíritus, ya que los locales atribuyen a estas la función de atrapar los espíritus de los muertos (animales y personas) que son arrastrados por el río. Pasamos un rato relajandonos en una playa natural que se forma al final de las inmensas (en extensión, no altura) caídas. A la vuelta intentamos esquivar la arena hirviente de medio día caminando por las rocas vecinas. Ahí conocimos a Ilan, un estudiante de arquitectura brasileño que buscaba nuestro mismo objetivo. Una vez arriba decidimos almorzar los cuatro en uno de los puestos locales (muy bueno). En ese corto tiempo descubrimos en Ilan un buen amigo. Volvimos a nuestras bicis y descubrimos que la de Martin estaba pinchada lo que nos reveló un nuevo reto, encontrar un despinchadero y ser capaces de hacernos entender! Cuando completamos el objetivo Ilan nombró otras cascadas al otro lado de la isla, a unos dos kilómetros. Tanya, que desde el principio tenía una bici a la que le faltaba un pedal decidió volver a casa. Los tres nos dirigimos hacia el lado este en búsqueda de la "cascada pequeña". Cruzamos los dos km sobre un camino pedregoso y llegamos a un puente colgante con un letrero de advertencia "prohibido cruzar y montar en bicicleta después de este punto. Jefe (Chief) de la aldea". Desmontamos y las dejamos en un restaurante vecino. Cruzamos caminando y seguimos nuestro oído hasta el agua. Llegamos a la orilla y vimos que a unos 50m, por un camino de piedra y pequeños rápidos, se encontraba la caída de agua principal. Cruzar estos 50m fue el mejor momento del día. Saltamos de piedra en piedra, incluyendo saltos de mas de un metro (de nuevo, si le parece poquito, vaya y sáltelo) y cruzamos rápidos desafiando la fuerza del río. Pasamos la tarde junto a la cascada sosteniendonos con las rocas para no ser un alma mas atrapada en la cascada.
Esa noche comimos Nouppin y descansamos hasta la mañana siguiente y la tarde siguiente y la noche siguiente.En la noche salimos a comer donde Noupping e Ilan vino con un amigo, Tobias, el alemán que camina sobre el agua. Esa misma noche hicimos planes para el día siguiente, paseo en kayac por las 4000 islas.
En la mañana, llegamos al punto de reunión y Tobias nos informó que Ilan, no sabemos si por la comida del día anterior o la fiesta a la que asistió después, se encontraba un poco enfermo. Lo visitamos y le llevamos agua y tristes, pues perdíamos un gran integrante, fuimos en búsqueda de los kayacs. Al parecer, la agencias turisticas prefieren no rentar kayacs por horas sino tratan de vender un tour, unos días antes nos habían dicho que no había problema, nunca supimos que pasó. Con la merienda comprada, las ganas de navegar y al no encontrar kayacs decidimos alquilar una canoa al mejor estilo local y un par de neumáticos. Emprendimos el viaje, Tobias en la proa, Natis detrás, Martin de tercero y Tanya de Capitán y Timonel en la popa de la canoa (si popa es adelante y proa atrás, entonces es al revés!!!). Salimos decididos a conquistar el Mekong y dimos vueltas, nuestra canoa no parecía responder a las ordenes que le dábamos y tardamos un buen rato en lograr salir, literalmente navegamos en círculos, por mas de media hora siendo el espectáculo para todos, turistas y locales, que desayunaban en los voladizos del río. Cuando pudimos de alguna manera organizarnos (después de ver varias canoas conducidas por niños hacerlo con facilidad) fuimos río arriba sabiendo que hacia abajo, a un km, se encontraban las cascadas atrapa almas! Después de remar un buen rato avistamos una pequeña isla con playa y decidimos que sería nuestro primer descanso. Bajamos los neumáticos, comimos patilla y tuvimos, todos, 15 otra vez. Empezó el concurso de salto largo con aterrizaje en neumático, el concurso de vueltas a velocidad en neumático y lanzamiento largo de pepa de patilla; de pronto Tobias caminó sobre el agua! Hubo perpetuo silencio, ojos abiertos en admiración y duda, algunos proclamaron la vuelta de Jesús, después de eso solo risa y un "vuelvalo a hacer!". Perplejos lo vimos de nuevo y de nuevo hasta que hicimos un video de ello. (vealo en este link http://www.youtube.com/watch?v=AxZMc1QOFUw)
Cansados, flotamos un poco en el río y vimos a lo lejos otra isla que parecía perfecta para el picnic de almuerzo. Tanya y Tobias salieron en la canoa mientras Natin y Martin flotaron y nadaron río abajo con los neumáticos. A lo lejos parecía que un gran árbol nos iba a cobijar con su sombra, al llegar nos dimos cuenta que no había ni árbol, ni sombra. Tobias salió al rescate amarrandose su camiseta en la cabeza, recogiendo un palo largo del piso y diciendo "no os preocupéis, explorare la isla hasta encontrarnos un lugar" (esto dicho en un ingles Shakespiriano,,,,,,,,, con acento de alemán del norte). Varios minutos después nos preguntábamos por incierto destino de nuestro amigo. Una cara sonriente salió de entre la maleza prometiendo el lugar perfecto. Acordamos encontrarnos en el lugar después de darle la vuelta a la isla con la canoa, Tobias volvió a adentrarse en la selva y nosotros remamos en la dirección indicada. Al llegar al lado este de la isla vimos aparecer una bandera negra, hecha con un palo y una camiseta, que nos indicaba el lugar de desembarque. Tobias había conseguido lo que había prometido, una playa perfecta y un gran árbol que nos cubría del sol. Almorzamos, hicimos siesta, nadamos y nos preparamos para volver. La ultima parada, después de un pit stop por cerveza, la hicimos en una pequeñísima isla habitada por un búfalo de agua. Nos sentamos mirando en dirección al sur y los cuatro en fila nos tomamos las cervezas. Remamos de vuelta y esta vez sorprendimos al publico con nuestras habilidades.
Esa noche volvió Jhon, del conocido visa run (renovar visa en la frontera) a Tailandia, y compartimos la comida, de nuevo Nouponiana. Fuimos a dormir temprano y la mañana siguiente nos despertó, a las 5 am, una fuerte lluvia, muy muy muy inusual en la temporada seca. Salimos a ayudar a recoger las cosas, especialmente el desprotegido equipo de sonido, y nos dimos cuenta que el ya experimentado dueño ya estaba corriendo cubriendo la instalación eléctrica y guardando en su Teepee el preciado equipo. Gracias, o debido a la lluvia el Veggy Patch cerró sus puertas por el día y fuimos invitados a desayunar pancakes de miel y limón y a pasar la mañana en su casa (razón principal: esta si tiene techo). Aprovechamos para decir que este restaurante es uno de los mejores que hemos visitado, el domingo de pizza y cocteles, los menús diarios siempre con verduras frescas y orgánicas de su huerta y cocinados perfectamente por Alex y Dominique. Otro súper recomendado!
Lo que no contamos fue tiempo que pasamos relajandonos, hablando con los amigos y pasandola bueno. Un día todo se acabó pues nuestra visa estaba a punto de expirar. Partimos con tristeza de dejar el lugar y la gente pero emocionados de conocer un nuevo país. Cuando llegamos al muelle madrugados Tobias nos esperaba para despedirnos y desde el barco vimos su mano ondeando en el viento (ese hombre es un cuento de Mark Twain,,,,, hecho realidad).



































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