Llegamos a la ciudad a sabiendas que encontrar hotel era, de nuevo, una tarea difícil. Buscamos en el centro, lugar donde se encuentran la mayoría de hostales y restaurantes. Esta ciudad es especial, a orillas del río, que comparte el mismo nombre, recibe más turistas juntos que el la suma del resto del país por su cercanía a los templos de Angkor; esto la hace diferente a las demás, 100% preparada para recibir a sus inquilinos. En el centro dos callejones, el Pub St. y el Alley St. Están llenos de restaurantes y bares con todo tipo de comidas.
Llegamos al barrio vecino, cruzando el río, el Wat Bo y encontramos un Guest House que superó todas nuestras expectativas, el Seven Candels GH. Con todas las especificaciones, incluyendo fotografías y telares como decoración y, nunca antes visto, limpieza de cuarto diaria con cambio de toallas (cada tercer día por conciencia ambiental).
Cuando nos instalamos e hicimos uso del wifi gratis, nos dimos cuenta que Julia estaba a punto de llegar a la ciudad; un día antes de lo pensado. Habíamos prometido reservar una habitación para ella así que bajamos a la recepción rezando por que hubiese otra disponible, quedaba la ultima y quedamos como príncipes. La llamamos y le contamos que todo estaba listo para ella, a los 10 minutos llegó a la puerta del hotel.
La saludamos emocionados, eran dos meses sin vernos, y esperamos a que se alistara para salir al encuentro con Francesco (que ella no conocía). Queríamos celebrar el encuentro y teníamos muchos restaurantes a nuestra disposición.
Llamamos a Francesco y cuadramos una cita en el Blue Pumking, uno de los restaurantes recomendados en las guías y conocido por todos los locales. Llegamos, puntuales a nuestra cita, y esperamos a nuestro amigo italiano. Media hora después nos extrañó su tardanza y fuimos en búsqueda de un teléfono que al final no sirvió de nada pues no había línea. Ya con hambre y ganas de celebrar escogimos un restaurante italiano con nombre en francés reconocido por su cocina. En el Tigre du Papier con wifi incluido pudimos enviarle un mensaje a Francesco con nuestra nueva locación. A los 5 minutos entro el galán italiano con su pelo blanco y su pantaloneta de colores con chanclas. Con cara de Mamma Mía nos abrazo y nos dijo que nos llevaba esperando mas de una hora en el Blue Pumking; en ese momento nos informó que el famoso restaurante era hoy en día una franquicia y hay 4 en la ciudad, él los conoció todos buscandonos!
Al final nos sentamos los cuatro y compartimos una deliciosa cena acompañada de tres botellas de vino, Francesco muerto de hambre se había adelantado a comer en uno de los blue y solo nos acompaño en la bebida (desde que empezó el viaje no habíamos comido de tal manera y no habíamos probado gota de vino (grave situación para nuestros estándares); el menú incluyo dos pizzas, una hamburguesa con salmón ahumado, tofu con jengibre y espagueti napolitano, con las pizzas hubiese bastado pero celebración es celebración!
El dia siguiente lo tomamos, naturalmente, de descanso, recuperación y planeación. Encontramos un restaurante vecino en el que comeríamos muchas veces más. El Star Rise ofrecía precios incomparables, comida local del mejor gusto y una atención de sonrisa natural. Perfecto para mañana, tarde y noche! (Otra publicidad no pagada)
Con nuestro día de planeación decidimos que la mejor manera para visitar los templos era a nuestro ritmo, sin tour, sin tuk tuk sino en bicicleta (siempre es mejor todo en bicicleta). Salimos antes del amanecer en tres burritas prestadas por nuestra guesthouse, recorrimos los 5km para llegar a la entrada y compramos nuestro boleto de acceso por tres días, es la única portería de Cambodia en la que te toman una foto, te dan un carnet (obvio con la foto) y tienen lector láser!
Describir cada templo es imposible, su majestuosidad, detalles, gravados, tamaño, variedad, etc., es impresionante y solo in situ es posible comprender su majestuosidad. Nos dedicaremos mejor a describir nuestro recorrido e impresiones.
Después de pagar la entrada recorrimos, con el cielo pintandose de colores, los siguientes km. Pasamos el Angkor Wat (construido por Suryavarman II (r1112-1152)), el más importante y más grande de todos, sin entrar, bordeamos el canal y lo vimos aparecer de la oscuridad, los tres quedamos boquiabiertos con lo que fue un instante (no entramos por las recomendaciones de dejar este para el final). Seguimos pedaleando por un par de kilómetros en una carretera aun solitaria; llegamos a la puerta sur (una de las 5 puertas del complejo) de la muralla del Angkor Thom; de 12km2 es el complejo de templos mas grande de todos, considerado la ciudad capital y centro del imperio construida por Jayavarman VII (r1181-1219) después del saqueo, por parte de los Chams, de la antigua capital. La entrada, vigilada por 54 dioses y 54 demonios en una épica guerra de cuerda (tug war) es hoy la más usada y en mejor estado de las cinco puertas. Los dioses y demonios salían dentro de la niebla, uno a uno en línea, como una armada que guarda un tesoro. Coronando la puerta de más de veinte metros una gran cara, de Bodhisadtva Avalokiteshvara, tallada en los bloques de sandstone mira las lejanías del imperio. Cruzamos la puerta y llegamos al centro del complejo donde el Wat Bayon observa las cuatro direcciones con 216 caras talladas en piedra en 54 torres ubicadas en tres niveles. Para este momento el primer rayo de sol se asomaba entre las ramas. Seguimos, de nuevo sin entrar, atravesando todo el complejo hasta la puerta norte en búsqueda de otro de los templos construidos por Jayavarman VII (El más importante Rey-Dios de la civilización Khmer), el Preah Khan (Espada Sagrada). El templo fusiona dos religiones y las simboliza con los corredores principales que se alzan hacia los puntos cardinales. El este, la entrada principal, está dedicado al Budismo Mahayana las otras tres están dedicadas a Shiva, Vishnu y Brahma, por estos ejemplos se puede empezar a deducir la influencia de diferentes religiones a través de la historia del imperio y la resultante mezcla.
Llegamos a este y nos acercamos a las escaleras viendo una estructura grande pero no colosal. Solo al cruzar la puerta y descubrir lo que parecía un corredor infinito sentimos la imponencia del templo. Siendo los únicos, por la temprana hora y por ser un templo considerado secundario por los turistas, pudimos sentir el silencio del lugar e imaginar cómo debió ser en su época de gloria. Nos tomó casi una hora atravesar el corredor principal y ver sus cuartos y jardines aledaños. Al final salimos, a lo que fue, la puerta principal ceremonial (es decir los turistas entramos por la puerta de atrás) y nos encontramos tres largos corredores elevados que daban inicio a los corredores internos (solo el principal recorre la extensión total del templo). Salimos maravillados mientras entraba la primera oleada de turistas y el ruido de pasos, risas y conversaciones se robaba la magia del silencio.
Volvimos a la puerta norte del Angkor Thom e ingresamos de nuevo al complejo al rededor de las 7.30 de la mañana. Ya para ese entonces, lo que eran potreros desocupados entre los templos se habían convertido en parqueaderos para miles de buses. Caminamos por la terraza de los elefantes, una muralla situada al frente del complejo Real (de 365m de larga era utilizada como escenario para ceremonias publicas y para los discursos del Rey) custodiaba el templo de Phimeanakas (construido anteriormente a la ciudad por el rey Rajendravarman II (r 944-968) y lo que algún día fue el palacio y residencia de los Reyes/dioses. Hoy queda solo la ruina del templo de tres pisos al que ascendimos por unas empinadas escaleras de madera sobrepuestas a las originales de piedra por los equipos de restauración. Y miramos sobre las copas de los arboles que hacia el sur otro importante templo por fuera de la muralla de los elefantes se elevaba y nos invitaba a visitarlo.
El Baphuon (construido por Udayadityavarman (r1049-1065)), también conocido como el rompe cabezas tridimensional más grande del mundo porque al iniciar su restauración se desmontó pieza a pieza y se desarrollaron detallados planos que con la venida de la guerra civil y el posterior régimen de Khmer Rouge fueron destruidos dejando 300.000 piedras por armar. La EFEO volvió a trabajar en él hasta 1995, 20 años después del inicio de la guerra.
Subimos los tres niveles, que hacienden hasta 43m y en la punta una ventana en ruinas que miraba al cielo coronaba el templo y capturo nuestra atención por unos minutos. A la bajada, en la parte posterior del templo, la parte oeste, un Buda en la pose del león (reclinado) de 60 metros convierte la simétrica estructura en una escultura.
Al salir del templo sentimos que era hora de desayunar. Entre la puerta norte y la puerta de la victoria (ubicada sobre la muralla este) se encuentra ubicada una zona de servicios. Entre estos varias casetas de restaurantes locales tratan de capturar el máximo de turistas enviando un representante con carta en mano al acecho. La representante del numero 22 ganó nuestra simpatía. Al principio nos mostró el menú con precios alzados de lugar turístico, al ver nuestra cara de sorpresa nos dijo que no nos preocupáramos que para nosotros había un precio especial, ¡Todo a la mitad! Nos sentimos especiales hasta descubrir que es una estrategia utilizada por todos las casetas (Ya saben, si algún dia van a los templos, haganse los difíciles y obtendrán los frutos). Una vez sentados nos sorprendió la buena comida y sobre todo la habilidad de Tekeo, la representante y dueña, para atrae clientes, para esa hora era el único con comensales.
Después de descansar volvimos a Bayon, con sus 216 caras, y ascendimos sus tres niveles de laberínticos caminos. Mientras caminas te sientes observado por todos los costados y desde diferentes alturas por los meditativos y semi-sonrientes rostros del Bodhisattva Avalokiteshvara con un sorprende parecido al propio rey (Obvio Jayavarman VII). En este templo fuimos consientes que varios de los Budas presentes siguen siendo adorados y los mismos templo, aun en ruinas, siguen siguen siendo sagrados para los locales.
Después del Bayon ya pasado el medio día, nos dirigimos al noreste en búsqueda de la puerta de la victoria para salir de la ciudad amurallada y buscar Ta Keo. Este templo fue el primero en ser construido totalmente en Sandstone. Con varios niveles en forma piramidal, asciende hasta los 50m. Es rematado por cinco torres, cuatro de ellas en las esquinas y una central, la mas alta de todas, es típico de varios templos angkorianos. Fue dedicado a Shiva por el rey Jayavarman V (r968-1001) y nunca fue terminado, se especula, por la muerte del rey (los juiciosos lectores se percataron que todos los nombres de los reyes terminan en "varman" que significa protector). Ya cansados y algo saturados de templos ascendimos los metros y metros de dificilísimas escaleras de piedra con huellas cortísimas y contrahuellas altísimas para llegar a observar un lindo paisaje desde la cima y sentarnos por un largo rato en una de las gigantescas piedras.
Los templos de Angkor son la representación terrenal del monte Meru, la montaña sagrada del hinduismo, algo así como el Olimpo para los griegos. Para los Khmer el monte sagrado es Phnom (monte) Kulen (de 487m same same but diferent).
Antes de las 4 pm estábamos exhaustos de vuelta al Star Rise comiendo Amok. Esta deliciosa sopa de la cocina tradicional Khmer a base de leche de coco, limonaria y chili, sin olvidar la carnita y pollito o camarón y langostino, según la localidad (por el precio no se preocupen que acá vale lo mismo el pollo que el camarón).
Al día siguiente descansamos de los templos y terminamos la logística empezada en Kratie. Conclusión, no Vietnam, doble Filipinas. Dejamos Vietnam para la próxima, más tiempo y más calma. El resto del día caminamos por la ciudad y disfrutamos de ella.
Para el segundo día de templos, cuadramos un tuk tuk y nos dirigimos, por recomendación de Vanesa Álvarez (gran amiga en Bogotá y conocedora previa de los templos), a los templos lejanos. A unos 30km el Banteay Srei, que traduce "Ciudadela de la mujer", fue construido por Jayavarman V y dedicado a Shiva. Pequeño en tamaño, comparado a los monumentales templos del primer día, su monumentalidad está dada por sus finísimos detalles y su trabajo de talla en piedra, es considerado mundialmente como única en su tipo y dicen, fue construido por mujeres ya que tallas tan elaboradas son muy finas para haber sido hechas por las manos de un hombre. El tiempo que invertimos en caminar los gigantescos corredores de los anteriores templos lo dedicamos a mirar cada centímetro de las detalladas paredes construidas en piedra rojiza.
Pasadas las 10 am emprendimos la vuelta a la ciudad, que toma casi una hora en tuk tuk, y paramos a la mitad de camino en el museo de minas antipersonales de Cambodia. Este museo fue fundado por Aki Ra, un niño soldado en la guerra civil y posteriormente en listado en las filas del Khmer Rouge con el propósito de minar los caminos y los campos. Al crecer luchó con el ejercito vietnamita buscando la libertad de su país; desde que la guerra acabó se ha dedicado a buscar y desactivar las minas que algún día plantó. Cambodia es hoy día un país minado con recomendaciones de no salirse de los caminos marcados. Aunque los locales han hecho un gran esfuerzo buscando y remplazando campos minados por campos de cultivo todavía se oyen noticias de accidentes por culpa de las minas y en las calles se ve un alto porcentaje de población mutilada. Viendo y conociendo este panorama, el museo y la historia de su fundador tienen un deje de nostalgia. El humilde museo es un ejemplo de una buena aproximación a un conflicto tan difícil, sus víctimas y sus héroes, se basa en destacar los esfuerzos hacia el cambio y no en el amarillismo de imágenes violentas.
Después de recorrer silenciosamente el museo y conocer un poco mas de la historia, las minas y el proceso de la guerra decidimos que era suficiente por el día y volvimos al Star Rise a compartir un sentido almuerzo. Esa tarde preparamos la visita del siguiente día, de nuevo a los grandes templos y terminamos la noche compartiendo cocteles y pizza con nuestra amiga alemana.
A la mañana siguiente, de nuevo madrugados, nos dirigimos hacia los templos. Nuestro destino, el amanecer en el Angkor Wat. Pasamos la portería y seguimos pedaleando a oscuras al rededor del inmenso lago que lo rodea. Parqueamos las bicicletas y nos dirigimos hacia el puente que cruza el lago.
Angkor Wat significa "Templo que es una ciudad" y es reconocido como la construcción religiosa más grande del mundo.
Subimos los pocos escalones para ascender al puente y nos recibió el largo corredor con las tres imponentes torres dejando ver su silueta en la oscuridad. Mientras caminábamos el cielo empezó a pintar los colores y las siluetas empezaron a revelar su interior. Al cruzar la puerta principal descubrimos que un enorme jardín aun nos separaba del templo. Sentados en la muralla vimos el amanecer junto a miles de personas que le daban al templo el aire de grandeza de siglos atrás.
El Angkor fue construido por Suryavarman II (r1112-1152) y fue dedicado a Vishnu. Se cree que el templo fue construido como mausoleo para el rey además de su función como lugar religioso. Mas de 300.000 hombres y 6000 elefantes fueron requeridos para levantar 1.950.000 m2 y sus 55 metros de altura.
Cuando el sol ya brillaba y todos los detalles del templo cobraron vida la gran masa de turistas salió en búsqueda de los otros templos y quedamos nosotros con mucha menos gente para recorrer sus incontables corredores. Los grupos turísticos, en su mayoría chinos, tienen organizado el horario de tal manera que ven el amanecer en el Angkor y luego recorren los demás para volver en la tarde. Con el conocimiento de esto, gracias a chismes hoteleros, aprovechamos el momento y nos perdimos en los tres niveles y sus ciento de corredores y cuartos tallados con bajo relieves que describen eventos épicos y adornan todo el complejo.
Nos tomó casi cuatro horas, empezando con el amanecer, recorrer buena parte del templo y sus jardines. Salimos, de nuevo con la creciente ola de turistas, y nos dirigimos a desayunar. Cruzamos el Angkor Thom, de nuevo maravillados, y llegamos a las cercanías de la puerta norte a desayunar en el conocido 22. Nos sorprendió que Tekeo nos dio la bienvenida diciendo "Alejandro, Natalia y Julia; bienvenidos otra vez". Entre miles y millones de turistas ella se acuerda de los nombre de sus comensales, eso es de admirar.
Después de desayunar y descansar un rato volvimos a montar nuestras bicicletas y nos dirigimos hacia otro famoso templo también construido por Jayavarman VII, el Ta Prohm. Este templo es famoso por la reconquista de la naturaleza. En los demás templos se manifiesta el poder humano capaz de construir y transformar; en este el insuperable poder de la naturaleza capaz de reconquistar su territorio. Arboles de cientos de años crecen sobre y a través de las piedras creando formas únicas con sus raíces. Es un templo budista dedicado a la madre del rey. Perdidos entre los corredores, muchos de ellos cerrados por derrumbes, nos sentimos en una atmósfera muy diferente, al estilo película de Indiana Jones. La gran diferencia es que este está rodeado de una densa selva, además de la que crece dentro de él, que le da un aire único. Difícil describir lo que se siente.
Al salir del templo seguimos hacia el este para completar lo que los locales llaman en circuito pequeño. Vimos grandes reservorios de agua construidos durante el imperio, así como varios templos más que solo cruzamos.
Si se preguntan la razón de cómo un imperio de semejante tamaño y capacidad llegó a su fin y al final a ser lo que conocemos hoy como Cambodia, no esperen razones muy diferentes de los demás imperios extintos.
1. Una fuerte presión ambiental debida a una excesiva deforestación que al final hizo que sus maravillosos sistemas hidráulicos, una de las razones por las que se volvieron un imperio, fallaran.
2. Una guerra religiosa interna. Después de la muerte del más importante rey/dios, Jayavarman VII, instaurador del budismo en el imperio; sus predecesores pasaron más tiempo en una lucha entre el hinduismo y el budismo que en los asuntos de gobierno.
3. La fuerte presión impuesta por los reyes a la población, fuera por medio de la esclavitud o de los impuestos, para lograr la construcción de los templos. Dicen que desde la construcción de Angkor Wat ya se veía venir el declive.
4. El rápido crecimiento de los imperios vecinos, el Thai y el de Vietnam, puso una gran presión en los reyes hasta que los templos de Angkor fueron saqueados por los Thai, primero en el 1351 y después, con consecuencias devastadoras, en 1431. Razón por la cual la corte se movió a Phnom Penh y gran parte del territorio fue perdido. El norte y el oeste con los Thais y el sur y el este con los Vietnamitas que aun hoy siguen apropiando, la ultima perdida de Cambodia fue la isla del sur Phu Quoc.
El resto del tiempo lo pasamos leyendo e informandonos para poder escribir esto!
Al día siguiente salimos para Battambang al otro lado del lago Tonlé Sap.


































































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