sábado, 31 de diciembre de 2011

Mae La Na, un típico pueblo del norte.

Salimos del Jungle Guest House y de nuevo nos encontramos en la carretera. Ya más hábiles en las costumbres del norte, encontramos un lugar con sombra y esperamos a alguien que nos pudiera llevar. Una camioneta con platón paró unos metros adelante. Un señor de Pai, que iba de camino a Mae Hong Son, acepto llevarnos 20 km hasta la intersección que no llevaría a nuestro destino. Quince minutos después nos encontramos en la misma situación pero esta vez con camino al norte. Otra camioneta, esta mucho más vieja que la anterior se detuvo y de nuevo acepto acercarnos hasta la siguiente intersección. En esta compartimos el platón con tradicionales mujeres y hombres de montaña. Sus labios y sus dientes eran resaltados por un color morado profundo, típico del tradicional Opio. Desde hace algunos siglos el norte de Tailandia se caracterizó por ser uno de los principales productores y comerciantes de Opio hasta la década de los 70's cuando la "guerra" contra las drogas inició y el tradicional comercio se tornó ilegal. Volviendo a la camioneta, sigue siendo muy común ver a los locales de las tribus con sus labios morados, o rojos intensos si acaban de mascar, y con lo que parece un pastel de uvas pasas del que lentamente arrancan un pedacito.

Llegamos a la intersección y la camioneta se detuvo. Agradecimos y nos despedimos de los niños y adultos y cargando nuestras maletas comenzamos el descenso a un valle ubicado entre dos altas montañas bañado por un río que alimenta los cultivos locales.

Caminamos el tranquilo y minúsculo pueblo, de un extremo al otro, para encontrar el único Guest House que hay. De nuevo nos encontramos al frente de un pequeño bungaló, con ducha de agua fría (que nos esperaba para la helada mañana) donde dejamos las maletas y nos alistamos para una caminata de reconocimiento.

El paisaje es espectacular, cerca hay 3 cuevas y varias caminatas de hasta 3 noches. Caminamos por el pueblo, esta vez a paso lento y contemplativo, y nos encontramos, de pronto, al final del mismo. El pequeño pueblo tiene un sencillo templo habitado por cuatro monjes y una tienda/gasolinera (la gasolinera son 3 barriles de los que succionan la gasolina con una bomba manual).

Ya habiendo pasado un largo tiempo en Soppong y habiendo hecho unas caminatas parecidas y viendo las cuevas de la zona, decidimos seguir nuestro camino al otro día. Sin tener un destino fijo empezamos a dudar entre seguir hacia el sur hacia la capital provincial o retroceder nuestro camino con destino a Pai.

Llegó el tiempo de la ducha mañanera, la dilatamos lo más que pudimos con el desayuno y la empacada. Cuando nos vimos ante la grifería pensamos, llevamos mas de dos meses sin agua caliente, ¿Que tan mal puede estar? La gran diferencia, el clima! Un chorrito sin mucha presión, que no era frío sino helado, se fue agotando mientras el tanque de nuestra cabaña se desocupaba. Al final el tiempo de la ducha, afortunadamente, se agotó.

Al final decidimos ir más lejos e ir hacia el sur hacia Mae Hong Son ya cerca a la frontera con Burma (Myanmar).

Atardecer en Mae Hong Son

De nuevo otro momento para contemplar.

Diarios de motocicleta 6, la provincia de Mae Hong Son.

De nuevo nos subimos en una moto y salimos a la carretera. Al rededor de la ciudad varias aldeas y tribus, cascadas y cuevas, parques naturales y reservas forestales, competían por nuestra atención. Sin rumbo fijo decidimos ir al norte por la carretera que nos trajo.

A pocos kilómetros la "cueva de los peces", de la cual habíamos oído antes fue nuestra primera parada. En la vía cruzamos una desviación que nombraba una cascada que por el momento no llamó nuestra atención. La cueva esta situada dentro de un parque natural donde, consientes, pagamos una costosa entrada para ver la maravillosa cueva. Caminamos por un camino demarcado, a lado y lado, las cafeterías e instalaciones del parque para adentrarnos en él. El camino nunca se torno agreste y la cueva estaba mucho mas cerca de lo esperado. Una pequeña cueva con un río subterráneo era la casa de una especie sagrada de peces. Dos minutos después nos, en el camino de vuelta, nos preguntábamos si eso era todo. Buscamos mas caminos o senderos que seguir pero una gran montaña de riscos rocosos impedía nuestro paso. A la salida de nuestra poco comprendida visita nos tomamos un café y seguimos nuestro camino.

Sabiendo que si seguíamos la carretera eventualmente volveríamos a Soppong, decidimos prestados atención al desvío que nos llevaría a la cascada.

A pocos metros después del desvío nos encontramos un camino sin pavimentar que decidimos seguir y nos llevaba a cruzar un puente de bambú custodiado por un Buda de pie. El camino terminó en una casa y en una hermosa vista de cultivos. Sin tener a donde continuar volvimos a la carretera en búsqueda de la cascada.

Después de un tiempo empezamos el ascenso a la montaña y la caída de agua Pha Sua se acercaba. Localizada en una reserva forestal custodiada por agentes del gobierno, de entrada gratis, se encuentra una cascada de aproximadamente 25 metros de caída y una locación espectacular. Nos sentamos y la contemplamos por largo rato y cuando sentimos que era suficiente subimos los peldaños de tierra y llegamos al parqueadero.

Más arriba en la montaña, siguiendo la carretera, se encuentra el palacio de verano del rey. Donde alquilamos la moto nos advirtieron de la privacidad del palacio y que, a diferencia del de Bangkok, este tenía acceso restringido. Como buenos curiosos decidimos seguir subiendo y llegar cerca a la morada real. Siguiendo la carretera nos encontramos con avisos que hablaban de una aldea donde se podía catar tés, unos 30 km adelante. El palacio perdió su interés y la idea de la aldea lo remplazó.

Llegamos a al pueblo de Ban Ba Pa Paek donde nos encontramos, de nuevo, con la común decisión, izquierda o derecha. Si seguíamos a la derecha, que seguía la carretera principal, llegaríamos a la aldea del té; si nos desviábamos a la izquierda iríamos a parar a un, también señalizado, proyecto real. Sin saber que era el mencionado proyecto fuimos a conocerlo.

Una vez tomada la desviación y entrar en una pequeña carretera de precipitado ascenso, la multiplicidad de avisos sobre el proyecto, al principio en los dos idiomas, al final solo en Thai (los reconocíamos por un 2) nos dio la idea de su importancia. Después de adentrarnos en un denso bosque llegamos a una linda aldea Shan llamada Ban Ruam Thai compueta de una calle y floridas casas. 500 metros mas adelante en proyecto real de Pang Ung revelaba su secreto. Una represa, creaba una locación perfecta para admirar, los bosques y su reflejo en el agua. Felices con nuestro descubrimiento decidimos pasar mas tiempo y almorzar ahí.

De vuelta en la carretera recorrimos nuestros pasos esta vez para dirigirnos a Mae Aw, la aldea del té. Esta en un asentamiento chino justo en la frontera con Myanmar. La ciudad fue fundada por combatientes de la KMT Yunnanesa que escaparon el régimen comunista en 1949.

La aldea rodea un lago y las tiendas de té tienen los mejores lugares. Casas llenas de colores con lamparas rojas chinas dependen del cultivo de café y té para subsistir. Sentados frente al lago catando los deliciosos tés traídos de la China y de la región pensamos en lo ideal que seria este lugar para pasar varios días si tuviésemos mas tiempo. La vuelta fue rápida pues el reloj marcaba las 4 pm y a las 5.30 el Barcelona enfrentaba al Santos por la final del mundial de clubes.

Encontrar el lugar para ver el partido fue otra historia.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Mae Hong Son, una ciudad mágica.

En el noreste de Tailandia, cerca de la frontera con Burma (Myanmar) se encuentra Mae Hong Son, una ciudad mágica. Su lago rodeado de jardines, templos y cafés, muestra diferentes facetas llenas de vida a cada hora del día.

La madrugada es dominada por la neblina que gradualmente revela cada una de los encantos. Cuando el sol brilla, la plácida mañana, pasa silenciosa. Al comenzar la tarde, el lago cobra vida; los niños que salen del colegio corren por el pasto mientras los jóvenes se reúnen en las pequeñas casetas y las señoras practican T'ai Chi a la orilla del lago. Al atardecer, los templos se iluminan y su reflejo se vuelve claro en las aguas que cambian de color mientras el sol se pone. Al llegar la noche, el mercado nocturno rodea sus calles con deliciosos platos locales y mesas improvisadas sobre mats de bambú y los artesanos exhiben sus productos. Así transcurren los días de invierno en Mae Hong Son.

El Wat Phra That Doi Kong Mu, vigila desde la cumbre de la montaña la ciudad y sus increíbles paisajes. Ascender a el toma 15 minutos de escaleras y caminos de serpiente. Tres Estupas coronan el templo y a sus alrededores la vida cotidiana de los monjes y los devotos a Buda transcurre. En la parte posterior el templo es vigilado por un Buda de pie que mira a la ciudad. El paisaje hacia la espalda del Buda es único y un pequeño café lo hace perfecto con su mirador con sombrillas de colores.

Estuvimos largo rato contemplando las montañas y tomandonos un buen café. Pudimos ver como los jóvenes monjes estaban encargados de pintar las estatuas del templo.

Cuando descendimos cogimos nuestros libros y nos echamos en el parque frente al lago para vivir la transformación de la ciudad.

De difícil acceso, por sus 1864 curvas en la carretera desde Chiang Mai y un total de 8 horas en bus, la ciudad mantiene sus encantos locales alejada del masivo y estandarizador turismo. Una marca local aprovecho las curva de la carretera para generar una amplia gama de productos.

En la noche comimos en el mercado nocturno y deambulamos por sus calles. Llegamos al templo y vimos un espectáculo que cautivo nuestra atención. Una familia rezaba al rededor de un globo blanco que era encendido por los monjes. Por una donación, nos atrevimos a elevar uno de los globos y enviar nuestros deseos al cielo.

Nuestros amigos de Soppong, los Mimoos, nos acompañaron esa noche y compartimos de nuevo con ellos un buen rato. Debemos agradecerles las fotos del globito que nos enviaron después de unos días.

El resto de la provincia, como ya veníamos experimentando, nos deleitó con sus paisajes y un muy buen día sobre la motocicleta.