El tren a Chiang Mai fue largo y se sintió largo. Salimos a las 8 am de la estación de trenes de Bangkok y llegamos a nuestro destino, la ultima parada, a las 10 pm. En el trayecto cruzamos varios pueblos, los mas cercanos a Bangkok todavía afectados por las inundaciones. Al salir de la zona inundada pasamos por muchos otros entre ellos Lopburi, la ciudad de los monos, donde se pueden ver todas las ventanas y balcones de los edificios enrejados. Los micos caminan libremente y son los reyes de la ciudad. Otra parada importante es la de Sukotai, antigua capital del imperio que cayó en una de las antiguas guerras con Burma. Luego vino el atardecer, el tren se torno rojizo y por unos momentos la atmósfera cambió. La noche llego fría y sumando el aire acondicionado al estilo tailandés, soplando a -10, las ultimas horas fueron frías y llenas de caminatas.
Al llegar a la estación y bajarnos del tren, el ya usual, ataque de taxistas y tuk tuks llegó y como siempre el primer precio fue rebajado a la mitad y algo menos. Habíamos reservado un hostal recomendado por Simone y Laura, nuestras amigas alemanas, y nos dirigimos directo a el. Al llegar solo pensábamos en comer así que hicimos el check in, botamos las maletas en el cuarto y salimos en búsqueda de cualquier restaurante cercano y abierto.
Chiang Mai es la capital cultural y culinaria de Tailandia, lo que se nota en los establecimientos y en los precios, que aunque suben siguen siendo muyyyyyyy baratos. Encontramos uno abierto y entramos. La elección un restaurante literato con personalidad y personalidades muy especiales. A nuestra derecha, una mesa de retirados estadounidenses, muy comunes en Tailandia, hablando de su recorrido por el mundo y los diferentes países. Un hombre en particular llamó huerta atención. Vestido con un pantalón de cuero negro o similar, una ombliguera roja y un chaleco de jean aun mas corto, su pelo en corte de hongo, mono, ya casi blanco, parecía con "blower" y un arete de diamante remataba el conjunto. Atrás una pareja de "hombres" hablaba en vos baja y atras otro grupo con el mejor extinto estilo bohemio francés dominaba la barra. La comida buena y lo mejor, nos llenó.
La mañana siguiente salimos a caminar. Cansados de los templos y los budas decidimos que era hora de probar la famosa comida y de caminar los mercados locales. El centro de la ciudad, donde nos quedábamos, solía estar protegida por una muralla que formaba un cuadrado perfecto de unas 3 cuadras largas. Hoy un canal con fuentes simboliza el lugar. Caminamos por las calles en búsqueda, de por esa época famosa entre las mujeres, una ensalada de frutas con yoghurt. Luego, caminado por el lado este de la muralla, un restaurante árabe, recomendado por nuestra guía, llamó nuestra atención. Su competencia directa, un carrito de kebab a la mitad de precio, ganó la contienda. Luego encontramos un muy buen restaurante de comida orgánica que sació el resto de nuestro apetito.
Siendo ya las 4 pm del sábado nos dirigimos después de deambular por los pequeños callejones, en Thai "Soi", al mercado del sábado. Una calle al sur de la muralla se vuelve peatonal y se llena de carritos vendiendo todo tipo de comidas, artesanías y ropa. Casi dos horas y media después, y habiendo comprado el típico pantalón Thai y comido postres locales, nos dirigimos a nuestro hotel a prepararnos para el bazar nocturno.
Todas las noches del año el bazar nocturno cobra vida. Otros mil carritos y establecimientos abren sus puertas a los hambrientos y a los consumidores. Lo mas interesante de este y todos los merados nocturnos es que son realmente para los locales que salen de trabajar y se reúnen con sus familias o amigos a comer y pasar el final de la tarde y comienzo de la noche. Pasadas las 10pm casi todo esta cerrado y esperando la siguiente noche. Caminamos por entre el gran bazar hasta llegar al río (Nam) Mae Ping. Cruzamos por el puente vehicular y llegamos a una zona de bares y restaurantes donde comimos una muy buena cena y nos tomamos unos buenos tragos.
Cuando entramos al restaurante de dos pisos, ambos con terraza, nos sorprendimos al ver que los locales preferían las mesas internas en vez de las exteriores con vista al río y un clima muy agradable. Nos ubicaron en la terraza del segundo piso, comimos y pasamos un buen rato y al bajar entendimos el por qué de la predilección. Una banda local tocaba música en vivo y el restaurante ahora era un bar.
Un tuk tuk agilizo por unos baths el proceso de vuelta al hotel. Subimos a la terraza con unas cervezas solo para descubrir que un eclipse total de luna esta en proceso, era el día de luna llena. Descubrimos una lagartija entre una lampara lo que permitía una hacer una disección sin necesidad de abrir el animal.
Al final llego la hora de empacar las maletas para salir al otro día hacia la provincia de Mae Hong Son.











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