Salimos del Jungle Guest House y de nuevo nos encontramos en la carretera. Ya más hábiles en las costumbres del norte, encontramos un lugar con sombra y esperamos a alguien que nos pudiera llevar. Una camioneta con platón paró unos metros adelante. Un señor de Pai, que iba de camino a Mae Hong Son, acepto llevarnos 20 km hasta la intersección que no llevaría a nuestro destino. Quince minutos después nos encontramos en la misma situación pero esta vez con camino al norte. Otra camioneta, esta mucho más vieja que la anterior se detuvo y de nuevo acepto acercarnos hasta la siguiente intersección. En esta compartimos el platón con tradicionales mujeres y hombres de montaña. Sus labios y sus dientes eran resaltados por un color morado profundo, típico del tradicional Opio. Desde hace algunos siglos el norte de Tailandia se caracterizó por ser uno de los principales productores y comerciantes de Opio hasta la década de los 70's cuando la "guerra" contra las drogas inició y el tradicional comercio se tornó ilegal. Volviendo a la camioneta, sigue siendo muy común ver a los locales de las tribus con sus labios morados, o rojos intensos si acaban de mascar, y con lo que parece un pastel de uvas pasas del que lentamente arrancan un pedacito.
Llegamos a la intersección y la camioneta se detuvo. Agradecimos y nos despedimos de los niños y adultos y cargando nuestras maletas comenzamos el descenso a un valle ubicado entre dos altas montañas bañado por un río que alimenta los cultivos locales.
Caminamos el tranquilo y minúsculo pueblo, de un extremo al otro, para encontrar el único Guest House que hay. De nuevo nos encontramos al frente de un pequeño bungaló, con ducha de agua fría (que nos esperaba para la helada mañana) donde dejamos las maletas y nos alistamos para una caminata de reconocimiento.
El paisaje es espectacular, cerca hay 3 cuevas y varias caminatas de hasta 3 noches. Caminamos por el pueblo, esta vez a paso lento y contemplativo, y nos encontramos, de pronto, al final del mismo. El pequeño pueblo tiene un sencillo templo habitado por cuatro monjes y una tienda/gasolinera (la gasolinera son 3 barriles de los que succionan la gasolina con una bomba manual).
Ya habiendo pasado un largo tiempo en Soppong y habiendo hecho unas caminatas parecidas y viendo las cuevas de la zona, decidimos seguir nuestro camino al otro día. Sin tener un destino fijo empezamos a dudar entre seguir hacia el sur hacia la capital provincial o retroceder nuestro camino con destino a Pai.
Llegó el tiempo de la ducha mañanera, la dilatamos lo más que pudimos con el desayuno y la empacada. Cuando nos vimos ante la grifería pensamos, llevamos mas de dos meses sin agua caliente, ¿Que tan mal puede estar? La gran diferencia, el clima! Un chorrito sin mucha presión, que no era frío sino helado, se fue agotando mientras el tanque de nuestra cabaña se desocupaba. Al final el tiempo de la ducha, afortunadamente, se agotó.
Al final decidimos ir más lejos e ir hacia el sur hacia Mae Hong Son ya cerca a la frontera con Burma (Myanmar).














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