domingo, 1 de enero de 2012

Chiang Rai.

Llegamos a Chiang Rai ya adentrada la noche después de una largo viaje en bus que vale la pena contar.

Salimos de Soppong, lugar que no pudimos dejar de visitar nuevamente aunque fuera solo una noche (si quiere saber por qué lea el capítulo de Soppong) y tomamos el bus público de vuelta a Chiang Mai. El bus, con algo mas de treinta y pico de años encima, recorrería las curvas de la carretera y ascendía la montaña a 20 km por hora (cuando descendía alcanzaba los 40). Este lento y rebosante, de gente, olores y sabores, bus nos recibió como sus huéspedes por mas de 7 horas. Si leyeron bien el titulo de este capítulo es Chiang Rai y hasta ahora llegamos a Chiang Mai.

Nuestra estadía en la ya visitada ciudad duró lo que duran las filas para conseguir el tiquete del siguiente bus. Este más cómodo nos llevo las dos horas y media que separan las dos ciudades. Al final otro día entero de viaje, muy común en Tailandia.

Nuevamente con maleta al hombro caminamos desde la estación de bus en búsqueda de un hotel. Este trabajo empezó a complicarse debido a la cercanía de la Navidad. Al final, después de un par de hoteles llenos, encontramos uno que por su cercanía a otro, que también estaba lleno pero nos gustaba de verdad, nos recibió la primera noche y nos vio partir, con destino al hotel vecino, la mañana siguiente.

Ya establecidos, tranquilos y seguros salimos a caminar la ciudad y nos empezó a sorprender. Su mercado nocturno tenía algo nuevo que no habíamos encontrado en ningún otro, además de los habituales puestos de comida un comedor central con dos escenarios, uno de música local y otro con músicos locales cantando covers amenizaban el lugar. De nuevo otra deliciosa comida.

En la mañana, después de trastearnos, nos dirigimos a conocer los famosos templos de la ciudad. El más famoso de todos e importante para todo Tailandia es el Wat Phra Kaew. Cuentan las leyendas que una noche de 1434 un rayo cayo sobre el "chedi" octagonal revelando el Buda Esmeralda, ahora alojado en el palacio de Bangkok. En los 90's la comunidad encargó a un artista chino para construir su replica en Jade canadiense. El templo hace honor a su fama. Otro importante Buda alojado en este wat es el Buda de bronce, alojado en el chedi principal que data del siglo XIV. Además el templo tiene un museo que tanto por dentro como por fuera vale la pena contemplar. En pocos templos hemos sentido esa energía especial.

Visitamos otros templos cercanos, vale la pena destacar el Wat Phra Singh, también del siglo XIV y el Wat Ngam Meuang compartido por tres religiones, Animista, Induista y Budista.

Almorzamos en un restaurante, entre la universidad y el hospital, muy frecuentado por locales de las instituciones, de nuevo un muy buen almuerzo.

En la tarde empezamos una larga camita, cruzamos el rio Mae Nam Kok y empezamos a salir de la ciudad en búsqueda de la cueva de Buda. Caminamos por mas de una hora bajo el sol de medio dia hasta que una señora, en su camioneta, se detuvo y nos acercó hasta Tham Tu Pu. Entramos a este abandonado lugar sin saber que nos esperaba. Unas escaleras nos llevaron a la entrada de una cueva que los monjes solían usar para meditar. Un sentimiento difícil de explicar nos invadió; miedo, respeto, asombro y algo mas. Al fondo la imagen de un gran Buda meditando y detrás una grieta que iluminaba la cueva. Salimos por la grieta posterior hacia un espacio olvidado y lleno de flores moradas que llenaban el piso. Otro lugar que nos sorprendió.

Al salir nos dimos cuenta que la cueva de Buda era mas adelante y seguimos caminando. Media hora después no habíamos llegado y un local nos hizo señas de 3 kilómetros más; con el sol ya abajo y cansados de la caminata decidimos volver y dejar la cueva para una próxima vez. Otra señora nos recogió y nos ahorro una hora y media de caminata con un recorrido de 15 minutos en la parte posterior de su camioneta, nos dejó al frente del visitado Wat Phra Kaew.

Este inesperado evento nos regaló mas tiempo para visitar el museo de las tribus de donde sacamos toda la información que escribimos en el capítulo de Soppong. Y, además, gracias a esta visita descubrimos una feria alimenticia que solo dura 3 días cada año.

La feria, que visitamos por el resto de las noches en Chiang Rai, fue la mejor sorpresa. Miles de carros de comida, esta vez si con todo; incluidos gusanos y cucarachas, fueron nuestro restaurante. En los escenarios shows de música y teatro (incluidas escenas de telenovelas) acompañaban a la pequeña rueda de Chicago y los juegos de feria. Comimos y probamos de todo lo que nuestro estomago resistió (no incluimos cucarachas, no fuimos capaces). Muy buena comida y muy buen ambiente.

Saliendo de la feria, pasamos por el reloj de la ciudad. Una torre de unos 8 metros que todas las noches a las 7,8 y 9 de la noche se ilumina y un show de música y luces cobra vida por 5 minutos.

La mañana siguiente en un paseo en moto por la región conocimos otro importante y moderno Wat, el famoso templo blanco, cascadas en un parque natural y un restaurante de comida orgánica. En el próximo capítulo de diarios de motocicleta les contamos todos los detalles.

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