jueves, 26 de enero de 2012

Luang Prabang, Feliz año 2012

Después de los días en barco, y la maravilla de paisajes del Mekong, llegamos a Luang Prabang, ciudad patrimonio de la humanidad de la UNESCO (merecido).

Llegamos el 28 de diciembre al atardecer y nos encontramos con una situación nunca antes vista, todos los hoteles llenos y los precios de los que aun estaban disponibles disparados. Lección, para la temporada alta, o altísima, en este caso es mejor reservar desde mucho antes. Esta situación ocasionó un triple trasteo en 5 días.

La primera noche la pasamos en uno de los hoteles a los que ya estábamos acostumbrados. Cuarto normal (normal significa con cama, ventilador, ventana y baño [para algunos el baño es un lujo que nosotros permitimos darnos]; si las paredes están pintadas de algún color es un plus de decoración), como decíamos, cuarto normal con precio inflado al lado, claro que sin vista, al Mekong. Comimos en uno de los restaurantes del "malecón", en verdad es la calle con puestos sobre el anden, y descubrimos los menús de la ciudad y desde ahí los de todo Laos. Comparados con los de Tailandia encontramos precios inflados y gustos inferiores, platos nuevos y mucha mas carne. Comimos y rendidos del viaje terminamos la noche.

Al día siguiente salimos en búsqueda de lo que sería nuestra segunda casa y en tarea de reconocimiento de la ciudad. Encontramos un hotel, a pocas cuadras del anterior, con el acceso por una pequeñas escaleras que lo hacían casi imperceptible al peatón distraído. Vimos la única habitación disponible y por el mismo precio que los demás ofrecía color en las paredes, un adorno de cama (centro de mesa pero sobre la cama, no están nuestras mamás así que no sabemos el nombre), un televisor con 69 canales (solo 1 de ellos en ingles, el resto en Lao, Thai y mandarín [vimos MTVChina, que es ver a Cabas con ojos rasgados y cantando en otro idioma]) al final un gran cuarto por un buen precio donde decidimos pasar año nuevo. Siendo ya el 29 de diciembre hora de almorzar, hotel cuadrado decidimos caminar por la ciudad con calma en búsqueda de un buen restaurante. Sorpresa encontramos cientos y nos enseñaron la siguiente lección sobre los restaurantes en Laos; la diferencia entre un buen restaurante y uno malo esta solo en la comida y la decoración pues los precios son prácticamente los mismos (debemos excluir los mercados locales y los carritos de calle pues estos si son mas baratos y algunos igual de buenos!). Estando cercana otra fecha especial decidimos que lo mejor era consentirnos un poco y probar la comida de Laos en los mejores restaurantes. Empezamos con uno llamado Dyen Sabai ubicado al otro lado del río Khan. Debemos decir que Luang Prabang se encuentra ubicada, aunque sea la parte antigua, en una península que se forma cuando el rio (Nam) Khan une su cause al gran Mekong. La parte, play, pija, gomela, up tight, boutique, de la ciudad se encuentra cercana a la punta de la península sobre el Khan. Cruzamos el río por el puente de bambú, que los locales construyen cada año pues en la temporada de lluvia el río lo destruye (donde cobran a los turistas un pequeño impuesto para cruzar y financiar el del siguiente año) y entramos al recomendado restaurante. Pedimos un plato que juntaba 5 pruebas de "entradas" al estilo de Lao. Alga de río frita con ajonjolí, rica, puré de berenjena con arroz pegajoso (stiky rice), muy rico, Cerdo frito (léase chicharrón o cocho) siempre bueno, vegetales al vapor, buenos y por ultimo una salsa de algo con algo que picaba que era deliciosa.

Después de almuerzo subimos al templo situado en una pequeña colina en la mitad de la península. El Wat Phu Si, que despierta cierta risa a los ingleses, es uno de los cientos de templos de la ciudad y corona la montaña con la estupa de oro, la vista desde ahí es increíble 360 grados. Además se puede ver una antigua cueva (pequeña) con un templo adentro y la huella de Buda, marcada en la piedra (una huella gigante dejada en la piedra, no sabemos si es natural o tallada).

Cuando bajamos del templo descubrimos por qué Luang Prabang esta dentro de la lista de la UNESCO. En la calle central, desde la colina hasta el fondo de la península, una docena de Wats asombran solo por verlos. Tres cuadras compuestas de templos dan a la ciudad el aire mágico y especial que encanta a todo el mundo. Describirla nos costaría mas palabras de las que nos quedan así que esperamos que nuestras pobres fotos hagan justicia. Es en esta calle dónde la famosa procesión de monjes cobra vida cada mañana (les contaremos más la mañana del 31).

Esa tarde al volver al hotel nos hicieron en la recepción una pregunta muy extraña. ¿Se van a quedar mas de esta noche? Respondimos que si y que nos quedaríamos hasta el 2 de enero, y de nuevo nos quedamos sin casa para pasar el 31. El recepcionista nos dijo que nos podíamos quedar esa noche y la siguiente pero que a partir del 31 todo estaba reservado (lección 1). Nuestros planes se fueron al piso sabiendo que al otro día debíamos volver a buscar hotel.

Descansamos un rato y tratando de no pensar mucho fuimos a comer al mercado local. Debemos decir que nos encantan, un bufete de verduras, arroces y pastas, preparados de la forma local, costaba lo mismo que una cerveza, así que cerveza y comida en una mezcla de lenguas y gentes!

Al día siguiente, 30 de Diciembre, salimos de nuevo en búsqueda de lugar donde pasar el fin del año. Ya con mas experiencia en la ciudad y sus precios decidimos subir un poco el presupuesto. Habíamos recibido un regalo de Navidad que aun no habíamos canjeado lo que nos permitió subir más de lo esperado.

Conseguimos el cuarto, del que les contaremos cuando sea oportuno, pero gastamos otra mañana recorriendo nuestros pasos en la ciudad. Gracias a esta nueva caminata hicimos nuevos descubrimientos. Al obligarnos a buscar en nuevos lugares llegamos a pequeños callejones que al final nos llevaron, buscando un hotel, al lugar donde pasaríamos las ultimas horas del año, un bar llamado UTOPIA. A la salida de los callejones hicimos otro gran descubrimiento, un restaurante lleno de locales, vieja lección, si ves locales, entra! Eso hicimos y grato almuerzo.

Esa tarde visitamos lo que hace 40 años era el palacio real y hoy museo real. El palacio, casa de los tres últimos reyes de Luang Prabang, esta compuesto por un templo, casa de uno de los Budas mas venerados de todo Laos y razón por la cual la ciudad tiene ese nombre, Buda Prabang. La casa real, hoy el museo, exhibe la forma de vivir de los antiguos reyes. En el salón del trono, además de el trono, muestran las antiguas espadas de la guardia real y los objetos personales del rey. Detrás del salón, se exhiben 7 tambores ceremoniales de cobre, algunos datando del siglo XVI. Continuando el recorrido entras a ver los cuartos, decorados de forma austera y con muebles sencillos por elección de la pareja real, exhiben los retratos de la familia y los Bustos de los reyes. El cuarto de los niños fue convertido en un salón de juegos de la época y exhiben mascaras, disfraces e instrumentos tradicionales.

Las ultimas salas muestran los regalos hechos por diferentes países a la realeza y los objetos de recibimientos sociales como juegos de té y los platos de la vajilla.

El ultimo edificio de la exhibición es el parqueadero real donde se exhiben los carros y la lancha real. En ese momento había una exposición temporal de fotografía basada en un retiro de jóvenes monjes en los alrededores de la ciudad que complemento de forma grata nuestra visita.

Ya entrada la noche volvimos al mercado local a degustar un nuevo bufete, esta vez probamos el pescado del Mekong a la parrilla. Tradicionalmente los llenan de especies y raíces y los cocinan al carbon, así mismo consigues casi todo animal, es mas casi todo lo que se mueve. Volvimos temprano a la hotel para alistarnos para la madrugada del 31.

Todas las madrugadas en Luang Prabang los monjes salen en procesión a recolectar almas. Este es uno de los momentos mas especiales en la ciudad, cientos o miles de monjes salen a recolectar su comida diaria de los locales que se sientan en los andenes con diferentes ofrendas de comida y ropa. Debemos decir que quedamos sorprendidos de la belleza y sorprendidos de la falta de respeto de algunos turistas. Los monjes son considerados hombres y mujeres sagrados dentro de la religión budista y debe tenerse en cuenta muchas cosas antes de acercarse a uno. Nombraremos solo algunas de ellas: una mujer nunca puede tocar a un monje, no se debe mantener contacto visual por un largo periodo, se debe vestir correctamente (tapando rodillas y hombros) entre muchas otras que se podrían considerar normas de respeto común. Lo mas triste es ver como algunos no respetan ninguna y llegan hasta a interrumpir la procesión para tomar una foto. Algo que siempre hemos dicho entre nosotros y que tratamos de recordarlo siempre es el respeto que se le debe a la cultura que como turista estas visitando.

Después de la hermosa, tranquila y silenciosa procesión, con todos los templos de fondo, decidimos desayunar en una de las mas reconocidas panaderías de la ciudad, Le Bannetone. Localizada sobre la acera contraria a la procesión es un excelente lugar para verla, estando a una distancia respetable, mientras se prueban sus deliciosos panes y sanduches.

Un grato encuentro con una familia Indú, que vive en USA, tomo lugar después del recordado desayuno. Vishal y su familia nos saludaron en un encuentro casual cerca a uno de los templos. Ese saludo llevo a mas de media hora de conversación a las puertas del templo. El padre, de mirada inteligente, es ingeniero del MIT, la madre, enfermera con maestría en filosofía y Vishal, joven de muy altos méritos, es el primer empleado de Grooveshark! Ese encuentro nos dejo una familia amiga y un upgrade gratis en la cuenta de Grooveshark. Vishal, friend, you rule! (Publicidad no pagada pero muy experimentada, si quieren una muy buena página de música Grooveshark.com)

Después de la recompensada madrugada y el delicioso desayuno nos alistamos para mudarnos otra vez. Pasamos de la vida de viajeros a la vida de ricos en menos de una cuadra. Nuestro nuevo hotel era una Villa tradicional que rodeaba un jardín en un callejón tranquilo de la ciudad antigua. El cuarto, todo construido en madera oscura con todas las comodidades a las que ya no estábamos acostumbrados nos recibió para pasar la primera y ultima noche de los años. El baño, casi de igual tamaño que el cuarto y con los mismos finos acabados terminaba de darnos todos lo requerido para pasar un gran momento. Además por ser huéspedes del hotel estábamos invitados a la cena de año nuevo. Pensábamos que la palabra "invitados" requería el pago de otra buena cantidad por lo que salimos a buscar en el mercado local, algo parecido a la Navidad en la frontera, nuestra cena.

Preparamos una buena mesa, que incluía delicias locales y foráneas y nos preparamos para las ultimas horas del año. Con cerveza en mano brindamos y comimos hasta mas no poder. Algo pasadas las 9 de la noche nos alistamos para salir al bar escogido el día anterior. Con la fiesta en el jardín tratamos de pasar desapercibidos pero un hábil mesero cortó nos paso y nos ofreció unos tragos, con algo de vergüenza le dijimos que nosotros no habíamos reservado para la cena en el hotel y en ese momento nos dio la mejor sorpresa, la palabra invitados era de verdad INVITADOS y no había necesidad de las comillas. Ya llenos, volvimos a comer y a beber y que importaba, la lista de tragos, además de la tradicional cerveza incluía, whisky gold label y varios tragos de la misma línea. No tuvimos mas opción que quedarnos contra nuestra voluntad. Se acercaban las 12 y, como se imaginaran, en ese tipo de hoteles no hay gente con muchas gana de celebrar el año nuevo como se lo merece lo que nos apuro para llegar a UTOPIA.

20 minutos de caminata después estábamos en las puertas del bar localizado a las orillas del río Khan. Cientos de personas esperaban el final divididos en tres ambientes. Algunos recostados en los cojines de las mesas que rodeaban la orilla del rio, otros en la barra del bar intentando conseguir los preciados néctares y la gran mayoría bailando al rededor de dos grandes fogatas (otra gran porción haciendo fila en el baño, pero esa no cuenta). Después de la fiesta privada en el hotel nuestra necesidad de bebidas era poca por lo que optamos por dos cervezas que mantuvimos por largo rato. De pronto el conteo y la euforia de la gente, al llegar a cero la cerveza sirvió de champaña y empezó a volar por los aires con una presión estable que aseguró mojar a varios metros a la redonda, como siempre uno empieza y varios se unen lo que generó una constante lluvia del precioso liquido.

Pasadas las 12 y confundido el tiempo, volvimos al hotel.

Al día siguiente agradecimos y bendijimos el ahora precioso regalo de Navidad pues no salimos de el sino hasta ya entrada la tarde. Despedimos el año como se merece ahora debíamos recibir el nuevo como se lo merece, probando los mejores restaurantes de la ciudad. No pagar hotel te da ciertas libertades presupuestales y de inversión y ser año nuevo hace que te olvides por un momento de el orden y la cautela que se debe tener al gastar. Comimos hasta que nuestra barriga pasó de estar quejandose por la noche anterior a estar dichosa y llena de manjares!

Como todo tiene en final, la buena vida de ricos también la tiene y en la madrugada del dos de enero volvimos a la delicioso realidad de nuestro viaje. Un bus nos esperaba para subir al norte a un pequeño pueblo llamado Nong Khiaw donde tomaríamos un bote para seguir subiendo hacia Muang Noi Neua.

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