jueves, 26 de enero de 2012

Chiang Khong, Navidad en la frontera.

Finalmente, después de una difícil búsqueda de hotel en varias ciudades (la alta temporada turística mas un gran festival de flores locales hizo que los hoteles estuviesen llenos), decidimos que Chiang khong sería nuestro huésped en Navidad. Sin mucha expectativa del pequeño pueblo fronterizo emprendimos camino desde Chiang Rai.

El primer impacto fue ver el Mekong, ver por primera vez el gran río fue emocionante. (Hecho, Cuando el agua está baja los locales cultivan la tierra que el rio nutre cada año y cientos de huertas aparecen por la temporada) La segunda gran sorpresa fue el cuarto del hotel que después de varias llamadas logramos conseguir. Un balcón, más grande que el cuarto, miraba sobre el río y hacia Laos; en él pasaríamos la mayoría de nuestro tiempo.

El hotel, algo alejado del pueblo y del muelle proporcionaba bicis gratis que fueron nuestro transporte/carrito de mercado. Con ellas recorrimos el pueblo por todas sus calles, la primera el malecón del río, luego la calle principal y sus callejones.

El pueblo, básico en si mismo, soporta todo su comercio en la calle principal. Descubrimos buenos restaurantes, uno méjico/tailandés y otro una pequeña cafetería local donde vendían muy buenos postres y café.

Cuando llegó el 24 ya manejábamos el pueblo a la perfección lo que nos dio la ventaja de saber donde estaba todo. En la mañana salimos a nuestro paseo en bici y encontramos un restaurante en el malecón al que entramos a siegas y salimos igual pero comidos. Con la carta en tailandés, una traducción a un casi ingles y una mesera con la que no nos entendíamos, pedimos lo que pudimos y salió bien.

Pasado el almuerzo volvimos al hotel y llenos de valor y mucha esperanza pedimos prestadas las cañas de pescar y descendimos al río. Lo primero que no tuvimos en cuenta fue la carnada. Una lucha contra lombrices de tierra empezó y fuimos derrotados (no fuimos capaces de engarzarlas en el anzuelo). Este detalle fue el indicio de la derrota total y el regreso con las manos vacías pero el corazón tranquilo.

Viendo que no somos aptos para conseguir nuestra propia comida, agradecimos al comercio y nos fuimos al mercado local. Compramos de todo menos pescado. Postres de arroz y leche, gelatinas envueltas en hojas de plátano con arroz, rollitos primavera de cerdo, pincho de pollo, sanduche de queso y de nutella (pan especial del restaurante mejicano, delicioso), maní y finalmente, en el 7/11 (si no hay un 7/11 en el pueblo donde estas, no estas en Tailandia o es muyyy chiquito) vodka y cerveza.

Con todo listo fuimos a nuestro recordado balcón y "pusimos la mesa" adornada con velas y hasta mantel. De ahí en adelante a comer!

Al ser un pueblo budista ni un bombillo de Navidad nos acompaño pero no hizo mucha falta, pues aunque éramos los únicos celebrandola lo hicimos por todo lo alto. Cuando toda nuestra comida se acabó y el vodka seguía en la cabeza subimos al restaurante del hotel y seguimos comiendo.

El 25 y el 26 descansamos, comimos, contemplamos y volvimos a comer y seguimos contemplando.

El 27 nos alistamos para cruzar la frontera. Primero emigración en Tailandia y luego buscar el bote con el que cruzaríamos hacia Laos. La llegada se las contamos en el próximo capítulo.

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