De nuevo en la motocicleta tomamos vía al sur con destino al Templo Blanco por la Autopista 1 que une a la región con el sur y el oeste del país.
El primer impacto fue ver el templo a lo lejos que parecía un palacio de porcelana blanca salido de la historia sin fin. Lo habíamos imaginado en algún lugar especial, rodeado de naturaleza y nos sorprendió verlo situado en la mitad de la carretera. (después entenderíamos el por qué).
El templo blanco, Wat Rong Khun aun en contrición y proyectado para el 2070, es la creación de un pintor tailandés (Chalermchai Kositpipat) que decidió traducir su arte y su fe a un templo budista contemporáneo. Las serpientes de Naga se abstrajeron en curvilíneas formas blancas rematadas con pequeños espejos; al igual que todos los elementos tradicionales de la arquitectura budista tradicional.
El templo esta compuesto de varios edificios: al frente y el más importante y adelantado en obra se suspende flotando sobre en lago lleno de peces sagrados. Su interior es sorprendente. Una sala rectangular rematada al fondo por la escultura (Natis hasta hoy creyó que era de verdad, lo que les da una idea de lo bien hecho) de un viejo monje meditando bajo una escultura de Buda también en pose de meditación y sobre estos dos, pintado en la pared, la imagen de Buda en lo que creemos es el mundo de los dioses. (ojo, Buda no es un dios, es el maestro de ellos).
El siguiente impacto se da cuando se analizan los murales, la tradicionales escenas de la vida de Buda son remplazadas por imágenes del Samsara contemporáneo, el mundo de la reencarnación y la alucinación. El adjetivo de contemporáneo se lo gana por las representaciones de Superman, Batman, Jack Saparow, Neo, escenas de la guerra de las galaxias y la imagen de dos grandes serpientes con cabeza de dispensadores de gasolina alimentando los aviones que se estrellan contra las torres gemelas; todas estas imágenes son coronada por el Buda en el estado de Parinirvana. (No hay fotos pues piden el favor de no tomar). Hay una pared aun sin acabar y en proceso de pintura, se ven los andamios, por parte del artista.
Detrás de este edificio se encuentran dos salones más, aun en construcción en etapa de acabados (que debe ser la mas larga por la cantidad de detalles). Fuera del complejo principal, rodeado por el lago y conectado por puentes, se encuentra un pozo de los deseos y al fondo de este la escultura de una flor de loto abierta; y un museo donde se pueden ver los trabajos del artista, generalmente representaciones religiosas o de elementos tradicionales de la cultura pintados con colores vivos y pinturas fluorescentes. Nos gustaron!
Salimos del templo, en carro o moto hay que tomar un desvío a la derecha de la 1 para acceder, ese mismo desvío te lleva a una de las cascadas mas bonitas de la región así que decidimos seguiría. La carretera se tornó en la tradicional doble vía y el paisaje se volvió maravilloso. Empezamos a seguir un río de algunos metros de ancho mientras ascendíamos una fácil pendiente. Los arboles nos cubrían y creaban un túnel natural que nos protegía del fuerte sol de medio día.
Llegamos a las puertas de la reserva donde nos recibieron dos militares, nos indicaron donde parquear y nos dieron la bienvenida. A los pocos metros el camino pavimentado desapareció y continuamos el ascenso por una trocha ancha y bien mantenida. El primer aviso decía 1400m, el segundo, a lo que se sintieron 1000m decía 1000m más, extraño pensamos. No sabemos si están bien marcados o si estábamos mas perezosos de lo normal. La cascada es una doble caída de 70 metros dividida en 30 y 40 metros respectivamente. El camino entre densos bosques de bambú y la cascada son lugares hermosos que valió la pena visitar.
A la vuelta otro gran descubrimiento, un restaurante orgánico al lado de la carretera que servia platos directamente de la huerta, un almuerzo delicioso. La vuelta la hicimos por la pequeña carretera, que tras un desvío nos llevaba a Chiang Rai y nos evitaba la gran y desalmada autopista.
Llegamos mas temprano de lo planeado, muy temprano todavía para nuestra feria de comida en la plaza, así que fuimos al mirador de la ciudad. Una cancha de golf municipal es la vía de acceso a una pequeña montaña al noroeste de la ciudad. Arriba, además de la vista, se encuentran las huellas del rey conservadas en una urna de cristal en un pequeño monumento en la cumbre.
A la bajada, de premio por el largo día, el esperado bazar de comida que les contamos en el capítulo anterior.



















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