Las dos parejas llegaron al muelle cumplidas para su cita. Ahí, María los esperaba para darles la bienvenida y llevarlos a su nuevo destino a una hora en mar abierto de la costa de Baclayon. El reto de este capitulo era nadar con los tiburones ballena.
María era la dueña de María Huts. Lo que no sabíamos es que habíamos perdido el concurso anterior y habíamos quedado en playa baja. Surcamos el picado mar y llegamos a la playa norte empapados y salados. Imaginábamos nuestras cabañas, sencillas pero completas; los productores nos habían asegurado tres comidas diarias, una cama con mosquitero y un baño privado (sin especificar lavamanos y ducha).
Al llegar, la primera pareja, Bastian y Eva, fue ubicada en el cuarto de masajes (¿?). Raro. La segunda, nosotros, en un cuarto detrás del comedor donde se guardaba la loza y tenían su televisión. Nuestro baño "privado" era el del comedor. El sentimiento de playa baja se hizo presente, no era lo prometido y ninguna tenía vista al mar.
Dejamos nuestras maletas y nos reunimos a almorzar, es decir al frente de nuestro cuarto, todos con la misma cara de perplejidad. "¿Su cuarto tiene baño?" preguntó la pareja 2, "Sí, pues, pero no tiene lavamanos ni ducha y ¿Sus camas son de verdad?" respondió la pareja 1. "Si tenemos camas ¿Como así? Pero nuestro baño, que tampoco tiene lavamanos ni ducha, queda afuera de la casa y es el que usa todo el mundo (dueños, visitantes, trabajadores y transeúntes), no es muy privado como nos habían dicho". La comida si era buena, pescado fresco y verduras de la huerta, frutas y abundancia. En ese momento no parecía importar mucho.
Al ver nuestro trauma con el único baño que no hemos podido soportar en todo el viaje, y eso es muuuuucho decir pues hemos visto exponentes de varios estilos, Eva nos ofreció el de ellos para compartirlo. No pudimos hacer lo mismo pues solo teníamos una cama y si Martin no cabía en ella Bastian mucho menos pues media mas de dos metros. El lugar idílico imaginado para pasar el cumpleaños de Martin se caía a pedazos. Faltaban dos días.
Vimos que al frente del comedor había dos cabañas con vista al mar y baño, que aunque precario era privado. Algo que deben saber es que la isla no cuenta con agua dulce así que lo de la ducha no es una cuestión, sí lo de "inodoro" no tan comunal. Mientras la hija de María nos servia el almuerzo nos contó que esas no se podían habitar pero no dio razón alguna. Al mirar al lado de la sala de masajes (i.e cuarto de la pareja 1) vimos otras dos que parecían solas. Preguntamos por esas y la respuesta fue increíble, al día siguiente las iban a mudar de lugar pues ese pedazo de tierra lo había vendido el tío sin avisar. De verdad era playa baja. Seguimos preocupados mientras terminábamos el almuerzo.
Al entrar a nuestro cuarto nos dimos cuenta que la ventana daba a la cocina y no teníamos cortina para guardar la privacidad. La playa cada vez iba mas bajo. Cuando pedimos algo para tapar volvimos a preguntar esperanzados por las demás cabañas, la respuesta fue la misma; no y mudanza. Pero algo dijeron de una nueva pareja que llegaría a la isla, nos preguntamos entonces dónde los pondrían si ya no había mas lugar. La conclusión fue fácil; el "no" era sinónimo de que los esperados inquilinos iban a pagar más y no podían ponerlos en playa baja.
Todo esto ocurrió durante la primera hora. Al salir de nuevo e intentar entrar a nuestro baño "privado" nos encontramos con esas desagradables sorpresas con las que uno se encuentra cuando los baños no sin privados. Eso fue suficiente para ir a hablar con María y que nos diera lo prometido. Con las conjeturas Sherlock Holmescas y la evidente evidencia del baño, María no tuvo mas excusas para no cambiarnos a la cabaña frente al mar, de playa baja a playa baja con baño frente al mar. Leales a la pareja 1 les contamos lo conseguido y a los pocos minutos eran nuestros vecinos.
Ya con la vivienda resuelta volvimos nuestro enfoque al concurso principal, nadar con los tiburones ballena. Esa tarde salimos a snorkear pero la fuerte marea y la baja visibilidad nos saco en pocos minutos. El único animal nuevo que vimos fue una culebra marina cercana a la costa. Regresamos donde María a cuadrar los pormenores de lo de las ballenas. Nos enteramos entonces que nuestra estancia allí incluía una salida a ver delfines y que el avistamiento de los enormes animales era un viaje adicional que solo seria cobrado si lográbamos verlas. Por las condiciones agrestes del mar ese día debíamos dejarlo todo para la mañana siguiente. Debido a esto esa tarde las dos parejas tuvieron la oportunidad para conocerse mejor.
Bastian y Eva hacen muy bonita, él estudia una maestría en lo que para nosotros sería ingeniería industrial y ella un doctorado en comportamiento social. Los dos tenían un par de semanas de vacaciones y estaban buscando en Filipinas las playas perfectas para descansar con comodidad. Claramente aquí no era! Buena onda los chicos.
La mañana siguiente salimos en búsqueda de los delfines y vimos cientos que nadaban al costado del barco. Estuvimos largas horas con ellos. El reto era resistir la tentación de saltar al agua, reto superado por los cuatro pero dificultoso para Martin. Desde el barco pudimos ver a lo lejos las siluetas de las demás isla: Siquijor, Negros y, por supuesto, Bohol.
Volvimos para desayunar al estilo filipino, abundante. Huevos, carne, salchicha, arroz, café, milo y fruta. Todo en ración doble para cada uno! Luego vino una siesta para compensar la madrugada y un almuerzo igual de abundante. Mientras almorzábamos llegaron los nuevos inquilinos, una pareja joven de españoles que llevaban
5 meses viajando y los padres de ella que decidieron visitarlos en Filipinas. Quedamos atentos para ver donde los iban a poner; como nos habían dicho el día anterior estaban mudando las cabañas (más sobre esto después).
A la pareja y sus padres ni los acercaron a la sala de masajes y mucho menos al cuarto de televisión. Imaginamos un convenio de Maria con su vecino les proporcionó un par de casas a unos 50 metros del comedor.
Ahora lo de la mudanza; toda la población masculina de la vecindad pegaba hombro con hombro y esperaba el conteo para levantar la casa y empezar a caminar, dos güaduas gruesas atravesaban la casa y proporcionaban mas espacio para alzar (al estilo rey y sus sirvientes). Siguiendo las direcciones del "patrón" caminaban como hormigas de un lado para otro, al final, sorprendentemente, lograron parquear la casa encima de la cimentación preparada. Luego vino la otra. En sus descansos unos tragos de ron local (el costo de la media botella es de 40 pisos [pesos, como Impanada y Empanada] es decir 1U$). Ver el siguiente link para verlo en diferido. ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,
Caminando al rededor de la isla encontramos esos paisajes que siempre es lindo ver, personas con sus animales, casitas (una era una mansión, pero solo una), mar, barcos, pescadores y cotidianidad. Así nos dieron las 4 de la tarde del 10 de marzo, hora acordada para nadar con los tiburones ballena. Nos reunimos en el comedor y esperamos al capitán y el guía. Llegó el capitán, tarde para nuestra cita, con cara de desconcierto. El guía, que venía detrás de él, se había refundido en el pueblo. Nos dijeron que había ido a buscar se equipo, la verdad de qué pasó nunca nos fue revelada. Casi a las 5pm, a punto de darnos por vencidos, apareció el guía con una careta de snorkel (equipo profesional para el avistamiento de ballenas). Salimos en el, ya familiar, barco en la misma dirección que en la mañana, esta vez mucho mas despacio. Navegamos hasta que el sol cayó viendo plancton y medusas, signo claro que los gigantes debían estar cerca, pero ninguna dorsal sobresalía del agua, que ya para esa hora estaba del habitual color mercurio. Antes de las 7pm volvimos con la careta entre las piernas! Ni una ballenita! Como nos íbamos al día siguiente, no tuvimos más oportunidades pero, ya habrán otras.
Comimos, la habitual ración de pescado fresco y delicioso, y faltando pocas horas para el cambio de día nos pusimos a celebrar el cumpleaños; Ron (el de 40 pesos), cartas y buena onda. Los cuatro estuvimos en el comedor hasta que, al rededor de la 10pm, el generador se apago y con este las luces. En ese momento decidimos continuar la celebración frente al mar. Prendimos las velas, dotación proporcionada por Maria, y nos sentamos usando la nariz de un pequeño barco pesquero como mesa. Por ese entonces ya la segunda botella se empezaba a acabar y las 12 estaban cerca. Algo para recordar era el movimiento de mano estilo Tic que le entró a Eva, se los describimos en una frase y ustedes actúen como se lo imaginan. Es el movimiento que acompaña el "Ayss, no me molestessss, amigassss".
Llegaron las 12, brindamos, volaron los besos, los abrazos y las felicitaciones. Eva y Bastian sacaron un envoltorio de papel higiénico adornado con dos flores blancas. Un REGALO!!! La pulsera de artesanía local con diente de tiburón todavía acompaña a Martin en su tobillo izquierdo. Que buen detalle, se lucieron (Gracias otra vez chicos). La noche se acabo entradas las horas de la mañana.
Al día siguiente, después de desayunar, salimos de vuelta al puerto de Baclayon. Esta vez, para finalizar el programa, los productores eligieron un día de lluvia. Una cortina gris apareció frente a nosotros, y donde estaba Bohol, ahora era el fin del mundo. Al final llegamos como vinimos, empapados a coger un bus que llevaría a Tagbilaran en donde nos separaríamos definitivamente de Bastian y Eva. Ellos se fueron en caza de la playa y el hotel perfecto y nosotros esperamos a que nos recogieran del hotel que habíamos elegido en Panglao, el Bee Farm.
Nuestra vida en el mundo
sábado, 31 de marzo de 2012
Loboc (isla de Bohol), en el centro de las montañas
Llegamos a Taglibaran, capital de la isla, después de pasar por Dumanguete y haber empezado en Siquijor. Salimos en el ferry de las 11am y llegamos a las 5pm. En un Triciclo llegamos a la estación de bus que nos adentraría en la isla. En ese momento una revelación colonial; un hombre que cargaba una caja de cristal gritaba una palabra que se nos hizo conocida-"IMPANADAS"- y luego un dialecto confuso. Solo tuvimos que remplazar la letra, para que no pudiese ser mas claro, el hombre vendía empanadas de papa y carne o pollo si usted lo prefiere. Que bueno se sintió oír esa palabra, deliciosas Impanadas.
Salimos en el bus de las 6.20 pm y 45 minutos después de un constante y suave ascenso, un letrero que decía Nuts Huts en la oscuridad anunciaba nuestra parada. Nos bajamos del bus despidiendo a los super amigables filipinos y cuando las luces desaparecieron en la siguiente curva nos encontramos inmersos en el silencio y la oscuridad. Caminamos por el camino señalado pensando que en pocos minutos llegaríamos a nuestro destino, no, media hora después seguíamos caminando (un día después haríamos el camino con luz y sin maletas y en verdad toma como 15 minutos).
Al fin vimos que no había mas para donde seguir, eso no significaba haber llegado; el ultimo letrero apuntaba hacia abajo por unas infinitas escaleras (las de Tambobo eran infinitas, estas eran el papa de las anteriores). Miramos hacia abajo y sin pensar mucho, nos miramos, sonreímos y sin mas seguimos. En una escalera así es inevitable pensar que pasaría si uno se cae, solo te vez rodando hacia la selva de abajo!
Al fin llegamos! Eran al rededor de las 7.30 y la mayoría de los huéspedes estaban comiendo, felicidad: ni un viejo con veinteañera. Grupos de jóvenes, parejas mayores y un buen sentimiento: se sentía vida. Hicimos check in (obviamente habíamos reservado y confirmado antes) y nos sentamos a investigar el nuevo lugar. Era un deck volado sobre la montaña y al fondo tres grandes ventanas negras donde se oía claramente el río y el ruido de la selva. Al descansar un rato nos dirigimos a nuestro cuarto. Si pensaron que se habían acabado las escaleras están equivocados 50 escalones mas, sin descanso, nos separaban del fondo del cañon y la riviera. Nuestro cuarto era una cabaña simple pero grande y agradable, ninguna queja. Esa noche comimos y con eso fue suficiente, a dormir.
Al día siguiente lo primero que nos impresionó fue ver el río. Era de un color azul claro y brillante, como si lo hubiesen pintado. Luego notamos la gran pared de la montaña del frente que ascendía imponente en una vertical tapizada en selva; era majestuosa, entre más elevabas los ojos más se abría la boca. Conclusión a nadar! El agua era refrescante y dentro de ella el color azul se convertía en un blanco turbulento que no dejaba ver más allá de tu mano extendida. Luego vino el desayuno y un día completo de merecido descanso. El ruido de la selva y la cotidianidad solo se veía perturbado cuando un barco de karaoke surcaba las aguas del río Loboc; si, también en barco!
Al subir al comedor, lo que la noche anterior habían sido tres ventanas negras, eran tres cuadros simétricos que miraban hacia la empinada montaña. Parecían tres fotos de un verde intenso, al ser tan grande la montaña uno no podía percibir, sentado en el restaurante, donde empezaba y si terminaba. Dentro del área común una mesa de Ping pong fue testigo de grandes partidos entre los dos. La comida no sobresalía tanto por su sabor sino por su precio, era baratísima; lo que sí era delicioso era el desayuno con pan hecho en casa y la mejor mermelada de mango.
Al día siguiente teníamos alquilada una moto para ir a las colinas de chocolate. El hotel había cuadrado todo con un proveedor externo y nosotros solo teníamos que esperar a que fueran las 9 de la mañana. Eso significaba subir las escaleras, que volvemos a repetir eran infinitas, y esperar en la zona de parqueo (donde se acaba el camino). A las 9.30 nos armamos de valor para volver a bajar y preguntar que pasaba, no hubo respuesta, el proveedor no contestaba. Volvimos a subir y emprendimos el camino a pie (same same but diferent). Esta vez no hubo diarios de motocicleta.
Salimos a la carretera y esperamos el bus que nos llevaría a Carmen, el pueblo cercano a las colinas. Al ver que no llegaba de decidimos empezar a caminar en dirección al pueblo. 15 minutos después el bus de detuvo al costado de la carretera. Nos subimos y nos encontramos en él a otra pareja que habíamos visto en el hotel.
Con ellos, Bastian y Eva de Alemania, subimos la colina principal. Quién se imaginaria que este encuentro casual nos llevaría a compartir las siguientes aventuras. Las colinas de chocolate son las montañas de Mario Bros (el del primer Nintendo), perfectos conos que salen de la tierra. La leyenda dice que las lagrimas de un gigante formaron este paisaje único. La ciencia dice que hace millones de años un sedimento coralino de un océano desaparecido creó los conos perfectos. La lluvia de algunos otros millones de años derritió, compactó y redondeo la forma. Si nos preguntan a nosotros son las de Mario Bros.
Volvimos, de nuevo en bus. Bastian y Eva se quedaron en un eco-parque de diversiones cercano al hotel y nosotros seguimos al pueblo de Loboc, tres kilómetros antes del hotel (sobre la vía Taglibaran - Hotel). Almorzamos en un restaurante local con una gran cerveza de 1000ml y sin mas nos dirigimos a la segunda iglesia mas vieja de Filipinas que tiene un pequeño museo religioso en su parte posterior. Todos los museos de los católicos son muy creepis, este venia con escalera a un subterráneo con murciélagos. Gran diferencia con los templos budistas. Al salir de ahí, sabiendo que nos esperaba una larga caminata a casa, decidimos prepararnos; otros 1000 ml.
Cuando solo quedaban 1 o 2 ml llegamos a la desviación de nuestro hotel y esa esquina, un karaoke. Entramos a rellenar nuestros mililitros y terminamos quedandonos y hasta contando. Los terceros 1000 se convirtieron en los terceros 3000. Tenemos vídeos, que claramente no subiremos, para atestiguar nuestra desafinada hazaña. Desde Besame mucho, pasando por Shakira hasta Pink Floyd (dedicado a Rots, también en video) y Blink 182.
Al volver al hotel fuimos los indeseados, para resolver la situación un chapuzón en el río. En el agua nos reunimos de nuevo con Eva y Bastian, que se portaron muy bien dadas las circunstancian y una pareja de algún lado por Europa que se unió con Ron en la mano. Fiesta en el agua.
Al día siguiente salimos con Eva y Bastian (cuadrado en la comida de el día anterior) a una pequeña isla en el sur. Como ni locos íbamos a subir las infinitas escaleras con las moletas, como nadie lo hace, cuadramos un bote que nos llevaría al pueblo a coger el bus.
Salimos en el bus de las 6.20 pm y 45 minutos después de un constante y suave ascenso, un letrero que decía Nuts Huts en la oscuridad anunciaba nuestra parada. Nos bajamos del bus despidiendo a los super amigables filipinos y cuando las luces desaparecieron en la siguiente curva nos encontramos inmersos en el silencio y la oscuridad. Caminamos por el camino señalado pensando que en pocos minutos llegaríamos a nuestro destino, no, media hora después seguíamos caminando (un día después haríamos el camino con luz y sin maletas y en verdad toma como 15 minutos).
Al fin vimos que no había mas para donde seguir, eso no significaba haber llegado; el ultimo letrero apuntaba hacia abajo por unas infinitas escaleras (las de Tambobo eran infinitas, estas eran el papa de las anteriores). Miramos hacia abajo y sin pensar mucho, nos miramos, sonreímos y sin mas seguimos. En una escalera así es inevitable pensar que pasaría si uno se cae, solo te vez rodando hacia la selva de abajo!
Al fin llegamos! Eran al rededor de las 7.30 y la mayoría de los huéspedes estaban comiendo, felicidad: ni un viejo con veinteañera. Grupos de jóvenes, parejas mayores y un buen sentimiento: se sentía vida. Hicimos check in (obviamente habíamos reservado y confirmado antes) y nos sentamos a investigar el nuevo lugar. Era un deck volado sobre la montaña y al fondo tres grandes ventanas negras donde se oía claramente el río y el ruido de la selva. Al descansar un rato nos dirigimos a nuestro cuarto. Si pensaron que se habían acabado las escaleras están equivocados 50 escalones mas, sin descanso, nos separaban del fondo del cañon y la riviera. Nuestro cuarto era una cabaña simple pero grande y agradable, ninguna queja. Esa noche comimos y con eso fue suficiente, a dormir.
Al día siguiente lo primero que nos impresionó fue ver el río. Era de un color azul claro y brillante, como si lo hubiesen pintado. Luego notamos la gran pared de la montaña del frente que ascendía imponente en una vertical tapizada en selva; era majestuosa, entre más elevabas los ojos más se abría la boca. Conclusión a nadar! El agua era refrescante y dentro de ella el color azul se convertía en un blanco turbulento que no dejaba ver más allá de tu mano extendida. Luego vino el desayuno y un día completo de merecido descanso. El ruido de la selva y la cotidianidad solo se veía perturbado cuando un barco de karaoke surcaba las aguas del río Loboc; si, también en barco!
Al subir al comedor, lo que la noche anterior habían sido tres ventanas negras, eran tres cuadros simétricos que miraban hacia la empinada montaña. Parecían tres fotos de un verde intenso, al ser tan grande la montaña uno no podía percibir, sentado en el restaurante, donde empezaba y si terminaba. Dentro del área común una mesa de Ping pong fue testigo de grandes partidos entre los dos. La comida no sobresalía tanto por su sabor sino por su precio, era baratísima; lo que sí era delicioso era el desayuno con pan hecho en casa y la mejor mermelada de mango.
Al día siguiente teníamos alquilada una moto para ir a las colinas de chocolate. El hotel había cuadrado todo con un proveedor externo y nosotros solo teníamos que esperar a que fueran las 9 de la mañana. Eso significaba subir las escaleras, que volvemos a repetir eran infinitas, y esperar en la zona de parqueo (donde se acaba el camino). A las 9.30 nos armamos de valor para volver a bajar y preguntar que pasaba, no hubo respuesta, el proveedor no contestaba. Volvimos a subir y emprendimos el camino a pie (same same but diferent). Esta vez no hubo diarios de motocicleta.
Salimos a la carretera y esperamos el bus que nos llevaría a Carmen, el pueblo cercano a las colinas. Al ver que no llegaba de decidimos empezar a caminar en dirección al pueblo. 15 minutos después el bus de detuvo al costado de la carretera. Nos subimos y nos encontramos en él a otra pareja que habíamos visto en el hotel.
Con ellos, Bastian y Eva de Alemania, subimos la colina principal. Quién se imaginaria que este encuentro casual nos llevaría a compartir las siguientes aventuras. Las colinas de chocolate son las montañas de Mario Bros (el del primer Nintendo), perfectos conos que salen de la tierra. La leyenda dice que las lagrimas de un gigante formaron este paisaje único. La ciencia dice que hace millones de años un sedimento coralino de un océano desaparecido creó los conos perfectos. La lluvia de algunos otros millones de años derritió, compactó y redondeo la forma. Si nos preguntan a nosotros son las de Mario Bros.
Volvimos, de nuevo en bus. Bastian y Eva se quedaron en un eco-parque de diversiones cercano al hotel y nosotros seguimos al pueblo de Loboc, tres kilómetros antes del hotel (sobre la vía Taglibaran - Hotel). Almorzamos en un restaurante local con una gran cerveza de 1000ml y sin mas nos dirigimos a la segunda iglesia mas vieja de Filipinas que tiene un pequeño museo religioso en su parte posterior. Todos los museos de los católicos son muy creepis, este venia con escalera a un subterráneo con murciélagos. Gran diferencia con los templos budistas. Al salir de ahí, sabiendo que nos esperaba una larga caminata a casa, decidimos prepararnos; otros 1000 ml.
Cuando solo quedaban 1 o 2 ml llegamos a la desviación de nuestro hotel y esa esquina, un karaoke. Entramos a rellenar nuestros mililitros y terminamos quedandonos y hasta contando. Los terceros 1000 se convirtieron en los terceros 3000. Tenemos vídeos, que claramente no subiremos, para atestiguar nuestra desafinada hazaña. Desde Besame mucho, pasando por Shakira hasta Pink Floyd (dedicado a Rots, también en video) y Blink 182.
Al volver al hotel fuimos los indeseados, para resolver la situación un chapuzón en el río. En el agua nos reunimos de nuevo con Eva y Bastian, que se portaron muy bien dadas las circunstancian y una pareja de algún lado por Europa que se unió con Ron en la mano. Fiesta en el agua.
Al día siguiente salimos con Eva y Bastian (cuadrado en la comida de el día anterior) a una pequeña isla en el sur. Como ni locos íbamos a subir las infinitas escaleras con las moletas, como nadie lo hace, cuadramos un bote que nos llevaría al pueblo a coger el bus.
martes, 27 de marzo de 2012
Diarios de motocicleta 11, La circunferencia y los picos de Siquijor.
Volvimos de nuevo a las conocidas automáticas 100cm y a las aventuras sobre ellas. Esta tendría un evento nunca antes visto.
Salimos del hotel, al sur de la isla y empezamos buscando el norte por el oeste, es decir con las manecillas del reloj (a la izquierda). Sabíamos que entre San Juan y la capital de la isla se encontraba una playita famosa. La entrada entre la iglesia y la cancha de basket, recuerdan la colonia española y gringa?, nos llevó a una carretera destapada que en menos de un kilometro se termino en una propiedad privada, a la izquierda diferentes calas de arena blanca llenas de pescadores. Salimos y continuamos como el reloj. Al llegar a Siquijor recorrimos la pequeña ciudad en búsqueda del muelle y el ferry ya que los horarios de estos son el secreto mejor guardado de filipinas y para hacerlo más interesante lo cambian cada rato. La conclusión de la investigación fue que para seguir a la isla de Bohol, nuestro siguiente destino, debíamos ir de nuevo a la isla de negros o coger el barco de las 7.30pm en el puerto de Larena (ciudad de la costa norte, es decir el punto mas opuesto a nuestro hotel) y llegar a lo desconocido de Taglibaran (capital de Bohol) casi a la media noche. Decidimos la opción 1 para el día de nuestro viaje.
Habíamos calculado estar en la ciudad al medio día, con la playa anterior llena de pescadores, y cuando hablamos de llena nos referimos a que no cabe un alfiler, llegamos casi dos horas antes de lo previsto. Nuestro plan era almorzar en un hotel cercano llamado Villa Marmarine, que es el de los Japoneses, como opción a esto decidimos empezar el ascenso a la única montaña de la isla. En este momento todo paso.
En una carretera desolada y en casi buen estado, rodeada por un bosque frondoso, con curvas amenazadas por los vacíos y pendientes empinadas, se nos ocurrió que era el momento, que ya había sido suficiente, que era hora de un cambio; Natis pasó al volante. A 20km/h surcamos orgullosamente la jungla, sus curvas y sus pendientes. La conducción fue excelente. Cuando el nivel de la carretera aumentó considerablemente (i.e. Pendiente en bajada con curvas cerradas, huecos en la carretera y piedras grandes) cambiamos de nuevo a la posición habitual. Ya faltaban pocos metros para volver a la carretera principal y volver al sur en búsqueda del restaurante (como ya cambiamos de punta de la isla ahora el sur es a la izquierda).
Almorzamos y podemos decir que fue delicioso. Pasta de calamares en su tinta y un Cordon Bleu nos costaron centavos. La mesa en el balcón era azotada por fuertes vientos mientras el mar rompía fuertemente contra la playa, el opuesto a nuestra calmada costa.
Al terminar de almorzar continuó la vuelta a la isla, de nuevo al norte hacia la izquierda. Recorrimos varios kilómetros hasta que el oeste se convirtió en el norte y el norte en el este. En ese recorrido vimos una iglesia. Grande, vieja y con mosaicos en su fachada llamó nuestra atención. Dimos la vuelta y parqueamos nuestra moto; grande si era, vieja nos quedó la duda y los mosaicos se convirtieron en trazos de pintura que de cerca parecía un camuflaje del ejercito. Era grande.
Seguimos hasta que llegamos al sur. Durante todo el trayecto nos acompaño un paisaje siempre cambiante, es como si cada cuadrante de la isla perteneciera a otro lugar. Ciudad, costa, manglar y selva y dentro de ellos un sin fin más.
En el sur nos desviamos de nuevo de la carretera principal en búsqueda de una pequeña bahía. Sin ninguna señalización recorrimos varios kilómetros preguntando el camino hasta que llegó el momento en que nos señalaron en dirección opuesta; de hay en adelante intensificamos la preguntadera. (Como son juiciosos y leyeron el capitulo de bienvenidos a Filipinas saben que aquí todos hablan ingles).
Al fin llegamos al cruce y nos encontramos con un karaoke a la izquierda y el primer letrero que nombraba nuestro destino. Kagusua Beach estaba cerrada y un letrero viejo e inmenso obstruía el paso. El señor del karaoke, al ver nuestra cara de decepción, salió a nuestro rescate. Nos dijo-"pueden seguir" o "you can go" (para hacerlo más real)- desconcertados lo miramos sin entender, con sus ojos señaló una trocha que se notaba llevaba ya muchos años de existencia. La tomamos pensando que nos adentraríamos en la selva pero lo único que hizo fue darle la vuelta al letrero. Ahora del otro lado un angosto camino de cemento se veía rodeado por hojas y selva. Un par de cientos de metros adelante un área para parquear y unas escaleras, pensábamos que íbamos a ser los únicos pero otra moto estaba allí. Descendimos y nos encontramos una playa desolada que parecía un cliché. Arena blanca, rocas, acantilados, arboles florecidos, el sonido del las olas rompiendo fuertemente y por supuesto agua turquesa y cristalina. Entendimos el por qué de los clichés. Caminamos y encontramos una familia local. Mas adentro encontramos varios esqueletos de pequeños barcos pesqueros y las ruinas de unas mesas de concreto y sus parasoles, parecía que un tifón hubiese acabado con las precarias construcciones. Estuvimos un buen rato solo estando un buen rato, caminamos hasta el fondo que no era mas allá de cien metros y nos sentamos. Luego preguntaríamos por esa playa y nos dirían que el gobierno la había cerrado para desarrollarla (Esperemos que el contrato no se lo den a los chinos).
Volvimos a casa cansados de un largo día y nos tomamos un par de cervezas y una ensalada de algas, rara y buena combinación. Dos días después saldríamos para Bohol tomando el camino por Dumanguete.
Salimos del hotel, al sur de la isla y empezamos buscando el norte por el oeste, es decir con las manecillas del reloj (a la izquierda). Sabíamos que entre San Juan y la capital de la isla se encontraba una playita famosa. La entrada entre la iglesia y la cancha de basket, recuerdan la colonia española y gringa?, nos llevó a una carretera destapada que en menos de un kilometro se termino en una propiedad privada, a la izquierda diferentes calas de arena blanca llenas de pescadores. Salimos y continuamos como el reloj. Al llegar a Siquijor recorrimos la pequeña ciudad en búsqueda del muelle y el ferry ya que los horarios de estos son el secreto mejor guardado de filipinas y para hacerlo más interesante lo cambian cada rato. La conclusión de la investigación fue que para seguir a la isla de Bohol, nuestro siguiente destino, debíamos ir de nuevo a la isla de negros o coger el barco de las 7.30pm en el puerto de Larena (ciudad de la costa norte, es decir el punto mas opuesto a nuestro hotel) y llegar a lo desconocido de Taglibaran (capital de Bohol) casi a la media noche. Decidimos la opción 1 para el día de nuestro viaje.
Habíamos calculado estar en la ciudad al medio día, con la playa anterior llena de pescadores, y cuando hablamos de llena nos referimos a que no cabe un alfiler, llegamos casi dos horas antes de lo previsto. Nuestro plan era almorzar en un hotel cercano llamado Villa Marmarine, que es el de los Japoneses, como opción a esto decidimos empezar el ascenso a la única montaña de la isla. En este momento todo paso.
En una carretera desolada y en casi buen estado, rodeada por un bosque frondoso, con curvas amenazadas por los vacíos y pendientes empinadas, se nos ocurrió que era el momento, que ya había sido suficiente, que era hora de un cambio; Natis pasó al volante. A 20km/h surcamos orgullosamente la jungla, sus curvas y sus pendientes. La conducción fue excelente. Cuando el nivel de la carretera aumentó considerablemente (i.e. Pendiente en bajada con curvas cerradas, huecos en la carretera y piedras grandes) cambiamos de nuevo a la posición habitual. Ya faltaban pocos metros para volver a la carretera principal y volver al sur en búsqueda del restaurante (como ya cambiamos de punta de la isla ahora el sur es a la izquierda).
Almorzamos y podemos decir que fue delicioso. Pasta de calamares en su tinta y un Cordon Bleu nos costaron centavos. La mesa en el balcón era azotada por fuertes vientos mientras el mar rompía fuertemente contra la playa, el opuesto a nuestra calmada costa.
Al terminar de almorzar continuó la vuelta a la isla, de nuevo al norte hacia la izquierda. Recorrimos varios kilómetros hasta que el oeste se convirtió en el norte y el norte en el este. En ese recorrido vimos una iglesia. Grande, vieja y con mosaicos en su fachada llamó nuestra atención. Dimos la vuelta y parqueamos nuestra moto; grande si era, vieja nos quedó la duda y los mosaicos se convirtieron en trazos de pintura que de cerca parecía un camuflaje del ejercito. Era grande.
Seguimos hasta que llegamos al sur. Durante todo el trayecto nos acompaño un paisaje siempre cambiante, es como si cada cuadrante de la isla perteneciera a otro lugar. Ciudad, costa, manglar y selva y dentro de ellos un sin fin más.
En el sur nos desviamos de nuevo de la carretera principal en búsqueda de una pequeña bahía. Sin ninguna señalización recorrimos varios kilómetros preguntando el camino hasta que llegó el momento en que nos señalaron en dirección opuesta; de hay en adelante intensificamos la preguntadera. (Como son juiciosos y leyeron el capitulo de bienvenidos a Filipinas saben que aquí todos hablan ingles).
Al fin llegamos al cruce y nos encontramos con un karaoke a la izquierda y el primer letrero que nombraba nuestro destino. Kagusua Beach estaba cerrada y un letrero viejo e inmenso obstruía el paso. El señor del karaoke, al ver nuestra cara de decepción, salió a nuestro rescate. Nos dijo-"pueden seguir" o "you can go" (para hacerlo más real)- desconcertados lo miramos sin entender, con sus ojos señaló una trocha que se notaba llevaba ya muchos años de existencia. La tomamos pensando que nos adentraríamos en la selva pero lo único que hizo fue darle la vuelta al letrero. Ahora del otro lado un angosto camino de cemento se veía rodeado por hojas y selva. Un par de cientos de metros adelante un área para parquear y unas escaleras, pensábamos que íbamos a ser los únicos pero otra moto estaba allí. Descendimos y nos encontramos una playa desolada que parecía un cliché. Arena blanca, rocas, acantilados, arboles florecidos, el sonido del las olas rompiendo fuertemente y por supuesto agua turquesa y cristalina. Entendimos el por qué de los clichés. Caminamos y encontramos una familia local. Mas adentro encontramos varios esqueletos de pequeños barcos pesqueros y las ruinas de unas mesas de concreto y sus parasoles, parecía que un tifón hubiese acabado con las precarias construcciones. Estuvimos un buen rato solo estando un buen rato, caminamos hasta el fondo que no era mas allá de cien metros y nos sentamos. Luego preguntaríamos por esa playa y nos dirían que el gobierno la había cerrado para desarrollarla (Esperemos que el contrato no se lo den a los chinos).
Volvimos a casa cansados de un largo día y nos tomamos un par de cervezas y una ensalada de algas, rara y buena combinación. Dos días después saldríamos para Bohol tomando el camino por Dumanguete.
domingo, 18 de marzo de 2012
San Juan (Isla de Siquijor)
Al llegar al puerto en la capital de la isla que comparte su nombre (Siquijor) teníamos dos opciones. Ir al norte hacia Larena donde se concentra una zona de hoteles o ir al sur hacia San Juan donde hay otra, la mayoría de estos un poco más costosos. Nos habían aconsejado la playa cercana a San Juan que para muchos es la más bonita de la isla, por el otro lado, habíamos oído de un muy buen hotel en la zona de Larena de una familia japonesa. La pequeña isla con su carretera costera de 73 km se puede recorrer en un par de horas lo que hacia de nuestro camino a cualquiera de los dos destinos uno similar.
Al salir del muelle hacia el acostumbrado ajetreo de taxistas (tuk tuks, triciclos, bemos, motos, Habal Habal, etc.) uno de ellos dio un buen precio y nos contó un poco de la condición actual de la isla. Para esta temporada los vientos vienen del norte y hacen de esa costa la alternativa menos favorable debido a que el mar esta picado y lleva a la playa muchos desechos naturales; por el contrario el sur permanece con aguas y vientos tranquilos. Nos aconsejó ir al sur y nos dio la tranquilidad de que el conocía algunos hoteles que no se pasaban de nuestro presupuesto. La búsqueda fue un poco larga pues nuestra opción backpacker estaba 100% reservada. Quedamos a la merced de nuestro amigable conductor que nos llevo primero a un resort barato, que para nuestro concepto es la peor clase de hotel en la que uno puede estar, claramente no nos gusto y sus precios igualmente eran mucho mas de lo esperado. Fuimos entonces a otras dos opciones pero ninguna satisfacía nuestros, ya conocidos, requisitos. Al final llegamos a un resort que no era tan barato pero tenía la opción de cuatro cuartos económicos y uno disponible para nosotros. Otra gran ventaja, estaba localizado sobre la playa más linda de la isla y quedaba a distancia caminable por la playa de JJ's (el hotel backpacker lleno). Decidimos quedarnos y pasar la mayoría de nuestro tiempo en el otro hotel que servia mejor comida, a mitad de precio y con un ambiente libre de pensionados extranjeros y sus esposas locales veinteañeras.
La playa era realmente hermosa, la arena tenía el color y la consistencia de la harina y el agua era cristalina. En nuestra estancia el mar estaba lleno de medusas lo que nos alejó del agua pero no de la arena. En el hotel encontramos dos libros de su biblioteca que llamaron nuestra atención y a los cuales les dedicamos la nuestra la mayoría del tiempo. The Book Thief de Markus Zuzak y Carry On, Mr Bowditch de Jean Lee Latham nos permitieron vivir en la arena las experiencias de una niña ladrona de libros en Múnich de la WWII y los ingenios de un científico marinero en el siglo XIX. Esto siempre después de la madrugada con el yoga y el desayuno en JJ's.
Cuando no estábamos disfrutando de la arena íbamos en moto al rededor de la isla, ya saben que capitulo les espera.
Al salir del muelle hacia el acostumbrado ajetreo de taxistas (tuk tuks, triciclos, bemos, motos, Habal Habal, etc.) uno de ellos dio un buen precio y nos contó un poco de la condición actual de la isla. Para esta temporada los vientos vienen del norte y hacen de esa costa la alternativa menos favorable debido a que el mar esta picado y lleva a la playa muchos desechos naturales; por el contrario el sur permanece con aguas y vientos tranquilos. Nos aconsejó ir al sur y nos dio la tranquilidad de que el conocía algunos hoteles que no se pasaban de nuestro presupuesto. La búsqueda fue un poco larga pues nuestra opción backpacker estaba 100% reservada. Quedamos a la merced de nuestro amigable conductor que nos llevo primero a un resort barato, que para nuestro concepto es la peor clase de hotel en la que uno puede estar, claramente no nos gusto y sus precios igualmente eran mucho mas de lo esperado. Fuimos entonces a otras dos opciones pero ninguna satisfacía nuestros, ya conocidos, requisitos. Al final llegamos a un resort que no era tan barato pero tenía la opción de cuatro cuartos económicos y uno disponible para nosotros. Otra gran ventaja, estaba localizado sobre la playa más linda de la isla y quedaba a distancia caminable por la playa de JJ's (el hotel backpacker lleno). Decidimos quedarnos y pasar la mayoría de nuestro tiempo en el otro hotel que servia mejor comida, a mitad de precio y con un ambiente libre de pensionados extranjeros y sus esposas locales veinteañeras.
La playa era realmente hermosa, la arena tenía el color y la consistencia de la harina y el agua era cristalina. En nuestra estancia el mar estaba lleno de medusas lo que nos alejó del agua pero no de la arena. En el hotel encontramos dos libros de su biblioteca que llamaron nuestra atención y a los cuales les dedicamos la nuestra la mayoría del tiempo. The Book Thief de Markus Zuzak y Carry On, Mr Bowditch de Jean Lee Latham nos permitieron vivir en la arena las experiencias de una niña ladrona de libros en Múnich de la WWII y los ingenios de un científico marinero en el siglo XIX. Esto siempre después de la madrugada con el yoga y el desayuno en JJ's.
Cuando no estábamos disfrutando de la arena íbamos en moto al rededor de la isla, ya saben que capitulo les espera.
viernes, 16 de marzo de 2012
Tambobo Bay (Isla de Negros) y la isla Apo
Al sur de Negros existe una pequeña y escondida bahía llamada Tambobo de playas blancas y aguas cristalinas que rompen en los acantilados vecinos.
La dificultad en el acceso hace del lugar un pequeño paraíso escondido. Para llegar tomamos un bus en la estación sur de Dumanguete con destino a Bayawan. Al llegar a la punta sur de la isla, una media hora después, el pequeño pueblo de Zamboanguita nos dio la bienvenida. En la carretera hay que buscar un Habal Habal para que se desvié de la carretera principal y se adentre por las carreteras destapadas hacia la bahía. Habal Habal es una moto con parrilla extendida en lamina de acero que permite el transporte de hasta 5 personas (incluyendo conductor). La traducción literal es "cerdos copulando" por el grado de intimidad que se alcanza montando uno de ellos. Alquilamos dos HH para darle espacio a las grandes maletas y poder soportarlas en la parrilla. 30 minutos de emocionante recorrido, con conductores expertos, por una carretera pedregosa que parecía una montaña rusa entre palmeras y acantilados.
Llegamos a nuestro hotel y unas escaleras infinitas nos llevaron al restaurante/estadero de las 5 muy bien construidas y mantenidas cabañas. La playa blanca, agua cristalina con corales de colores que se veían desde la superficie. Un muelle flotante de bambú dibujaba al final de la playa una línea sobre el mar. Dos acantilados rodeaban la playa convirtiendola en privada. ¿Suena bien no? Kookoos nest es el nombre del hotel que además sirve una comida local exquisita debido a que el antiguo trabajo de su dueña era en catering.
Nuestro cuarto, el ultimo que lea quedaba disponible, era sobre el restaurante y no una de las cabañas privadas al borde de la playa pero tenía sus lados positivos: era la más barata y la cama se encontraba en un altillo con una vista única al mar. El baño, recién remodelado, ha sido uno de los mejores del viaje y uno de los únicos con ducha separada del inodoro (no pregunten por que pero así es en low budget Asia).
Describir los días es fácil:
1. Yoga
2. Comida
3. Mar
4. Lectura
5. Comida
6. Lectura
7. Mar
8. Atardecer en el muelle
9. Comida
10. Lectura
11. Bis
(nota al pie: la opción de lectura puede ser cambiada por escribir o pintar y en una ocasión el mar de la tarde por una caminata en el acantilado)
Uno de los días nuestra rutina se vio truncada. Un inmersión iba a ser realizada en la Isla Apo y podíamos colarnos como snorkelers (entiendan colarnos como pagar para acompañarlos). Antes de salir de Dumanguete habíamos dudado del destino y tuvimos largas conversaciones entre Apo y Tambobo, ya saben cual ganó. La oportunidad fue perfecta para, en un día de viaje, sacarnos la espinita, conocer la pequeña isla vecina (que también pertenece a Negros Oriental) y lo mejor nadar con las TORTUGAS!
Salimos temprano en la mañana y recorrimos en hora y media la distancia que separa las dos costas. Nos dejaron en la isla antes de hacer su primera inmersión y fuimos directo al lugar señalado para encontrar la tortugas. Apenas sumergimos la cabeza una tortuga nadaba a un metro nuestro. La seguimos y después de pocos minutos nadábamos entre casi una decena de grandes especímenes. Nadamos con ellas hasta llegar a una pequeña playa vecina donde descansamos un rato antes de aventurarnos, contra corriente, a regresar.
Al salir de la maravillosa experiencia fuimos en búsqueda del santuario coralino de la isla. Seguimos los avisos en sobre el pequeño camino de concreto y al llegar vimos una triste noticia; el santuario estaba cerrado porque había sufrido muchísimo daño con el tifón de principio de año (notar que ya hemos hablado de tifón y terremoto, todo en los cortos meses que lleva el año). No pudimos nadar así que volvimos en búsqueda del restaurante que nos había recomendado el dueño de nuestro hotel y que nosotros NO recomendamos a nadie, el restaurante del "Resort" Liberty. Después de esto caminamos por el pequeño pueblo, agradecimos haber tomado la decisión de Tambobo y fuimos al muelle a encontrarnos con los buzos. El viaje de vuelta fue tranquilo y llegamos justo para los pasos 8,9,10 y 11.
La ultima noche decidimos unirnos al bufete nocturno que hacen en el hotel. Cada mañana un tablerito muestra el menú de la noche y aunque siempre sonaba delicioso era demasiada comida y el costo se salía de nuestro presupuesto. Esa noche, el tablero era irresistible y además siendo la ultima noche, por que no? Entre los platos que probamos el Kinilaw de Marlin, una especie de ceviche filipino con leche de coco, se lleva el premio mayor.
A la vuelta, después de conquistar las infinitas escaleras esta vez de subida, otra sesión de Habal Habal hasta la carretera y ahí un nuevo tipo de transporte, el Jeepney. Un jeep (exactamente el que tienen en la cabeza) es transformado alargando el chasis y poniendo dos bancas laterales en su nuevo baúl. Lo mas importante son las luces de neón, las estampas de la virgen y la elaborada pintura exterior. Imaginen el resultado entre una buseta (de las que están decoradas, no de las nuevas), una chiva y un jeep y sumen las gallinas y la sobre población.
Al llegar de vuelta a Dumanguete tomamos un triciclo al muelle y desde ahí un ferry con destino a Siquijor. Ya están haciéndose la idea de lo del transporte en este país.
La dificultad en el acceso hace del lugar un pequeño paraíso escondido. Para llegar tomamos un bus en la estación sur de Dumanguete con destino a Bayawan. Al llegar a la punta sur de la isla, una media hora después, el pequeño pueblo de Zamboanguita nos dio la bienvenida. En la carretera hay que buscar un Habal Habal para que se desvié de la carretera principal y se adentre por las carreteras destapadas hacia la bahía. Habal Habal es una moto con parrilla extendida en lamina de acero que permite el transporte de hasta 5 personas (incluyendo conductor). La traducción literal es "cerdos copulando" por el grado de intimidad que se alcanza montando uno de ellos. Alquilamos dos HH para darle espacio a las grandes maletas y poder soportarlas en la parrilla. 30 minutos de emocionante recorrido, con conductores expertos, por una carretera pedregosa que parecía una montaña rusa entre palmeras y acantilados.
Llegamos a nuestro hotel y unas escaleras infinitas nos llevaron al restaurante/estadero de las 5 muy bien construidas y mantenidas cabañas. La playa blanca, agua cristalina con corales de colores que se veían desde la superficie. Un muelle flotante de bambú dibujaba al final de la playa una línea sobre el mar. Dos acantilados rodeaban la playa convirtiendola en privada. ¿Suena bien no? Kookoos nest es el nombre del hotel que además sirve una comida local exquisita debido a que el antiguo trabajo de su dueña era en catering.
Nuestro cuarto, el ultimo que lea quedaba disponible, era sobre el restaurante y no una de las cabañas privadas al borde de la playa pero tenía sus lados positivos: era la más barata y la cama se encontraba en un altillo con una vista única al mar. El baño, recién remodelado, ha sido uno de los mejores del viaje y uno de los únicos con ducha separada del inodoro (no pregunten por que pero así es en low budget Asia).
Describir los días es fácil:
1. Yoga
2. Comida
3. Mar
4. Lectura
5. Comida
6. Lectura
7. Mar
8. Atardecer en el muelle
9. Comida
10. Lectura
11. Bis
(nota al pie: la opción de lectura puede ser cambiada por escribir o pintar y en una ocasión el mar de la tarde por una caminata en el acantilado)
Uno de los días nuestra rutina se vio truncada. Un inmersión iba a ser realizada en la Isla Apo y podíamos colarnos como snorkelers (entiendan colarnos como pagar para acompañarlos). Antes de salir de Dumanguete habíamos dudado del destino y tuvimos largas conversaciones entre Apo y Tambobo, ya saben cual ganó. La oportunidad fue perfecta para, en un día de viaje, sacarnos la espinita, conocer la pequeña isla vecina (que también pertenece a Negros Oriental) y lo mejor nadar con las TORTUGAS!
Salimos temprano en la mañana y recorrimos en hora y media la distancia que separa las dos costas. Nos dejaron en la isla antes de hacer su primera inmersión y fuimos directo al lugar señalado para encontrar la tortugas. Apenas sumergimos la cabeza una tortuga nadaba a un metro nuestro. La seguimos y después de pocos minutos nadábamos entre casi una decena de grandes especímenes. Nadamos con ellas hasta llegar a una pequeña playa vecina donde descansamos un rato antes de aventurarnos, contra corriente, a regresar.
Al salir de la maravillosa experiencia fuimos en búsqueda del santuario coralino de la isla. Seguimos los avisos en sobre el pequeño camino de concreto y al llegar vimos una triste noticia; el santuario estaba cerrado porque había sufrido muchísimo daño con el tifón de principio de año (notar que ya hemos hablado de tifón y terremoto, todo en los cortos meses que lleva el año). No pudimos nadar así que volvimos en búsqueda del restaurante que nos había recomendado el dueño de nuestro hotel y que nosotros NO recomendamos a nadie, el restaurante del "Resort" Liberty. Después de esto caminamos por el pequeño pueblo, agradecimos haber tomado la decisión de Tambobo y fuimos al muelle a encontrarnos con los buzos. El viaje de vuelta fue tranquilo y llegamos justo para los pasos 8,9,10 y 11.
La ultima noche decidimos unirnos al bufete nocturno que hacen en el hotel. Cada mañana un tablerito muestra el menú de la noche y aunque siempre sonaba delicioso era demasiada comida y el costo se salía de nuestro presupuesto. Esa noche, el tablero era irresistible y además siendo la ultima noche, por que no? Entre los platos que probamos el Kinilaw de Marlin, una especie de ceviche filipino con leche de coco, se lleva el premio mayor.
A la vuelta, después de conquistar las infinitas escaleras esta vez de subida, otra sesión de Habal Habal hasta la carretera y ahí un nuevo tipo de transporte, el Jeepney. Un jeep (exactamente el que tienen en la cabeza) es transformado alargando el chasis y poniendo dos bancas laterales en su nuevo baúl. Lo mas importante son las luces de neón, las estampas de la virgen y la elaborada pintura exterior. Imaginen el resultado entre una buseta (de las que están decoradas, no de las nuevas), una chiva y un jeep y sumen las gallinas y la sobre población.
Al llegar de vuelta a Dumanguete tomamos un triciclo al muelle y desde ahí un ferry con destino a Siquijor. Ya están haciéndose la idea de lo del transporte en este país.
Diarios de Motocicleta 10. Los Lagos Mellizos de Negros Oriental.
El día involucró 13 km de carretera por el mar y 12.5 ascendiendo a la montaña en búsqueda de dos cráteres que hoy son reconocidos como los "lagos mellizos". Como su nombre lo indica hoy son lagos, es decir se llenaron de agua, razón por la que se volvieron lagos pero antes eran solo cráteres pero no lagos es decir sin agua. ¿Claro?
Los primeros 13 km de la carretera costera son tranquilos entre el agua azul y una línea interminable de palmeras equidistantes. De pronto un pequeñísimo aviso anuncia el desvío a los lagos a mano izquierda. Un metro después del letrero noventa grados convierten la fácil carretera en un asenso pedregoso. Por recomendaciones de Alberto tomamos esta vez una Honda ("nada de cosas chinas", nos dijo) XRM 125 semiautomática, perfecto consejo una vez estábamos en la trocha que el terremoto de la primera semana de febrero había dañado. 12.5 Km después, habiendo probado satisfactoriamente las habilidades conductivas y disfrutado de la maravillosa vista a la isla vecina de Cebu, llegamos a una caseta donde se colectaba el pago para el acceso. (Ya sabemos que pagar es buena señal en los parques naturales! Para mayores aclaraciones leer el capitulo 9 de diarios de motocicleta). Un laguito con arboles especiales (de los cuales Alberto ya nos había hablado y dicho su nombre, que claramente y desafortunadamente olvidamos) que solo crecen en agua (y no son manglares) se reflejaban en las calmadas aguas. 800 metros más adelante el parqueadero y un restaurante con mirador al lago/cráter (ya les explicamos como funciona) grande (razón por la que son mellizos y no gemelos, hay uno grande y uno chiquito).
Un empinado descenso de unos 300 metros por un camino de concreto te lleva al muelle donde se pueden alquilar kayacs y canoas. Nadar está prohibido. Cuando preguntamos porqué la respuesta fue obvia; los remolinos y los casi 100 metros de profundidad de los que no te rescata nadie. Siendo domingo, como siempre que decidimos ir a un lugar turístico, estaba lleno de locales y las embarcaciones alquiladas. El terremoto había dañado el camino que rodea, y une, los lagos así que algunas partes aun se encontraban en mal estado o bajo el agua. Igual caminamos.
Una trocha de piedras de laja guía tía pasos mientras se llega al segundo lago, por la naturaleza húmeda del ambiente una lama verdosa crece en ella haciendo muy resbalosas. En la mitad del camino alcanzamos a un local de un pueblo vecino que andaba turistiando. Caminamos tras el unos cuantos cientos de metros hasta que llegó la pregunta. "¿Eso que hablan es español?"- dijo el joven local seguido de un "yo lo estudié en el colegio pero ya se me olvidó". De eso nació una larga conversación y una plácida caminata entre los lagos. Ron,,,,,,,,, nos contaba sobre Filipinas, sus más de 63 dialectos divididos en 3 lenguas principales regionales y un idioma oficial y de las más de 7100 islas que componen el país. Al final nos contó que el motivo de su visita era la celebración del cumpleaños de una de sus amigas al que nos invitó.
Al volver, más de dos horas después, sus amigos gritaban su nombre y lo llamaban desde lejos. "Te persiste? Ya casi nos vamos!" le gritaban. Al llegar mas cerca uno de ellos se burlaba de él por haberse "perdido" entre el bosque. Cuando nos preguntaron que cómo lo habíamos conocido y les contamos que lo habíamos rescatado una risa rompió el hielo y fue suficiente para que nos invitaran a la mesa a celebrar y comer con ellos. En este momento nos dimos cuenta de lo cálidos y amistosos que son los filipinos y que gran diferencia culinaria tienen con el resto de los países de Asia pues los sabores son mucho mas parecidos a los que estamos acostumbrados y los tradicionales postres de arroz se vieron transformados de nuevo en una torta de vainilla con crema, caramelo y nuez.
Al terminar la comida regresamos juntos por el camino pedregoso, hay que volver a resaltar que debido a que nuestra habilidad conductiva aun no se acerca a la de un local ellos muy amablemente nos cuidaron durante el regreso. Al llegar a la carretera principal nos despedimos y ellos partieron al norte mientras nosotros volvíamos al sur de vuelta a Dumanguete.
Esa noche salimos en búsqueda de un restaurante que habíamos visto en nuestro paseo por la ciudad. Perteneciente al hotel "La residencia al mar" el muy buen restaurante fue nuestro elegido para probar por primera vez los platos típicos del país y la región. Nos encontramos con dos sorpresas, la primera que la comida sabe a casa y la segunda que por primera vez en el sudeste asiático vimos que familias locales también disfrutaban de la cena. Caímos en cuenta por comparación que hace mucho no veíamos esto.
La mañana siguiente alistamos nuestras maletas para dirigirnos al sur a la bahía de Tambobo.
Los primeros 13 km de la carretera costera son tranquilos entre el agua azul y una línea interminable de palmeras equidistantes. De pronto un pequeñísimo aviso anuncia el desvío a los lagos a mano izquierda. Un metro después del letrero noventa grados convierten la fácil carretera en un asenso pedregoso. Por recomendaciones de Alberto tomamos esta vez una Honda ("nada de cosas chinas", nos dijo) XRM 125 semiautomática, perfecto consejo una vez estábamos en la trocha que el terremoto de la primera semana de febrero había dañado. 12.5 Km después, habiendo probado satisfactoriamente las habilidades conductivas y disfrutado de la maravillosa vista a la isla vecina de Cebu, llegamos a una caseta donde se colectaba el pago para el acceso. (Ya sabemos que pagar es buena señal en los parques naturales! Para mayores aclaraciones leer el capitulo 9 de diarios de motocicleta). Un laguito con arboles especiales (de los cuales Alberto ya nos había hablado y dicho su nombre, que claramente y desafortunadamente olvidamos) que solo crecen en agua (y no son manglares) se reflejaban en las calmadas aguas. 800 metros más adelante el parqueadero y un restaurante con mirador al lago/cráter (ya les explicamos como funciona) grande (razón por la que son mellizos y no gemelos, hay uno grande y uno chiquito).
Un empinado descenso de unos 300 metros por un camino de concreto te lleva al muelle donde se pueden alquilar kayacs y canoas. Nadar está prohibido. Cuando preguntamos porqué la respuesta fue obvia; los remolinos y los casi 100 metros de profundidad de los que no te rescata nadie. Siendo domingo, como siempre que decidimos ir a un lugar turístico, estaba lleno de locales y las embarcaciones alquiladas. El terremoto había dañado el camino que rodea, y une, los lagos así que algunas partes aun se encontraban en mal estado o bajo el agua. Igual caminamos.
Una trocha de piedras de laja guía tía pasos mientras se llega al segundo lago, por la naturaleza húmeda del ambiente una lama verdosa crece en ella haciendo muy resbalosas. En la mitad del camino alcanzamos a un local de un pueblo vecino que andaba turistiando. Caminamos tras el unos cuantos cientos de metros hasta que llegó la pregunta. "¿Eso que hablan es español?"- dijo el joven local seguido de un "yo lo estudié en el colegio pero ya se me olvidó". De eso nació una larga conversación y una plácida caminata entre los lagos. Ron,,,,,,,,, nos contaba sobre Filipinas, sus más de 63 dialectos divididos en 3 lenguas principales regionales y un idioma oficial y de las más de 7100 islas que componen el país. Al final nos contó que el motivo de su visita era la celebración del cumpleaños de una de sus amigas al que nos invitó.
Al volver, más de dos horas después, sus amigos gritaban su nombre y lo llamaban desde lejos. "Te persiste? Ya casi nos vamos!" le gritaban. Al llegar mas cerca uno de ellos se burlaba de él por haberse "perdido" entre el bosque. Cuando nos preguntaron que cómo lo habíamos conocido y les contamos que lo habíamos rescatado una risa rompió el hielo y fue suficiente para que nos invitaran a la mesa a celebrar y comer con ellos. En este momento nos dimos cuenta de lo cálidos y amistosos que son los filipinos y que gran diferencia culinaria tienen con el resto de los países de Asia pues los sabores son mucho mas parecidos a los que estamos acostumbrados y los tradicionales postres de arroz se vieron transformados de nuevo en una torta de vainilla con crema, caramelo y nuez.
Al terminar la comida regresamos juntos por el camino pedregoso, hay que volver a resaltar que debido a que nuestra habilidad conductiva aun no se acerca a la de un local ellos muy amablemente nos cuidaron durante el regreso. Al llegar a la carretera principal nos despedimos y ellos partieron al norte mientras nosotros volvíamos al sur de vuelta a Dumanguete.
Esa noche salimos en búsqueda de un restaurante que habíamos visto en nuestro paseo por la ciudad. Perteneciente al hotel "La residencia al mar" el muy buen restaurante fue nuestro elegido para probar por primera vez los platos típicos del país y la región. Nos encontramos con dos sorpresas, la primera que la comida sabe a casa y la segunda que por primera vez en el sudeste asiático vimos que familias locales también disfrutaban de la cena. Caímos en cuenta por comparación que hace mucho no veíamos esto.
La mañana siguiente alistamos nuestras maletas para dirigirnos al sur a la bahía de Tambobo.
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