Las dos parejas llegaron al muelle cumplidas para su cita. Ahí, María los esperaba para darles la bienvenida y llevarlos a su nuevo destino a una hora en mar abierto de la costa de Baclayon. El reto de este capitulo era nadar con los tiburones ballena.
María era la dueña de María Huts. Lo que no sabíamos es que habíamos perdido el concurso anterior y habíamos quedado en playa baja. Surcamos el picado mar y llegamos a la playa norte empapados y salados. Imaginábamos nuestras cabañas, sencillas pero completas; los productores nos habían asegurado tres comidas diarias, una cama con mosquitero y un baño privado (sin especificar lavamanos y ducha).
Al llegar, la primera pareja, Bastian y Eva, fue ubicada en el cuarto de masajes (¿?). Raro. La segunda, nosotros, en un cuarto detrás del comedor donde se guardaba la loza y tenían su televisión. Nuestro baño "privado" era el del comedor. El sentimiento de playa baja se hizo presente, no era lo prometido y ninguna tenía vista al mar.
Dejamos nuestras maletas y nos reunimos a almorzar, es decir al frente de nuestro cuarto, todos con la misma cara de perplejidad. "¿Su cuarto tiene baño?" preguntó la pareja 2, "Sí, pues, pero no tiene lavamanos ni ducha y ¿Sus camas son de verdad?" respondió la pareja 1. "Si tenemos camas ¿Como así? Pero nuestro baño, que tampoco tiene lavamanos ni ducha, queda afuera de la casa y es el que usa todo el mundo (dueños, visitantes, trabajadores y transeúntes), no es muy privado como nos habían dicho". La comida si era buena, pescado fresco y verduras de la huerta, frutas y abundancia. En ese momento no parecía importar mucho.
Al ver nuestro trauma con el único baño que no hemos podido soportar en todo el viaje, y eso es muuuuucho decir pues hemos visto exponentes de varios estilos, Eva nos ofreció el de ellos para compartirlo. No pudimos hacer lo mismo pues solo teníamos una cama y si Martin no cabía en ella Bastian mucho menos pues media mas de dos metros. El lugar idílico imaginado para pasar el cumpleaños de Martin se caía a pedazos. Faltaban dos días.
Vimos que al frente del comedor había dos cabañas con vista al mar y baño, que aunque precario era privado. Algo que deben saber es que la isla no cuenta con agua dulce así que lo de la ducha no es una cuestión, sí lo de "inodoro" no tan comunal. Mientras la hija de María nos servia el almuerzo nos contó que esas no se podían habitar pero no dio razón alguna. Al mirar al lado de la sala de masajes (i.e cuarto de la pareja 1) vimos otras dos que parecían solas. Preguntamos por esas y la respuesta fue increíble, al día siguiente las iban a mudar de lugar pues ese pedazo de tierra lo había vendido el tío sin avisar. De verdad era playa baja. Seguimos preocupados mientras terminábamos el almuerzo.
Al entrar a nuestro cuarto nos dimos cuenta que la ventana daba a la cocina y no teníamos cortina para guardar la privacidad. La playa cada vez iba mas bajo. Cuando pedimos algo para tapar volvimos a preguntar esperanzados por las demás cabañas, la respuesta fue la misma; no y mudanza. Pero algo dijeron de una nueva pareja que llegaría a la isla, nos preguntamos entonces dónde los pondrían si ya no había mas lugar. La conclusión fue fácil; el "no" era sinónimo de que los esperados inquilinos iban a pagar más y no podían ponerlos en playa baja.
Todo esto ocurrió durante la primera hora. Al salir de nuevo e intentar entrar a nuestro baño "privado" nos encontramos con esas desagradables sorpresas con las que uno se encuentra cuando los baños no sin privados. Eso fue suficiente para ir a hablar con María y que nos diera lo prometido. Con las conjeturas Sherlock Holmescas y la evidente evidencia del baño, María no tuvo mas excusas para no cambiarnos a la cabaña frente al mar, de playa baja a playa baja con baño frente al mar. Leales a la pareja 1 les contamos lo conseguido y a los pocos minutos eran nuestros vecinos.
Ya con la vivienda resuelta volvimos nuestro enfoque al concurso principal, nadar con los tiburones ballena. Esa tarde salimos a snorkear pero la fuerte marea y la baja visibilidad nos saco en pocos minutos. El único animal nuevo que vimos fue una culebra marina cercana a la costa. Regresamos donde María a cuadrar los pormenores de lo de las ballenas. Nos enteramos entonces que nuestra estancia allí incluía una salida a ver delfines y que el avistamiento de los enormes animales era un viaje adicional que solo seria cobrado si lográbamos verlas. Por las condiciones agrestes del mar ese día debíamos dejarlo todo para la mañana siguiente. Debido a esto esa tarde las dos parejas tuvieron la oportunidad para conocerse mejor.
Bastian y Eva hacen muy bonita, él estudia una maestría en lo que para nosotros sería ingeniería industrial y ella un doctorado en comportamiento social. Los dos tenían un par de semanas de vacaciones y estaban buscando en Filipinas las playas perfectas para descansar con comodidad. Claramente aquí no era! Buena onda los chicos.
La mañana siguiente salimos en búsqueda de los delfines y vimos cientos que nadaban al costado del barco. Estuvimos largas horas con ellos. El reto era resistir la tentación de saltar al agua, reto superado por los cuatro pero dificultoso para Martin. Desde el barco pudimos ver a lo lejos las siluetas de las demás isla: Siquijor, Negros y, por supuesto, Bohol.
Volvimos para desayunar al estilo filipino, abundante. Huevos, carne, salchicha, arroz, café, milo y fruta. Todo en ración doble para cada uno! Luego vino una siesta para compensar la madrugada y un almuerzo igual de abundante. Mientras almorzábamos llegaron los nuevos inquilinos, una pareja joven de españoles que llevaban
5 meses viajando y los padres de ella que decidieron visitarlos en Filipinas. Quedamos atentos para ver donde los iban a poner; como nos habían dicho el día anterior estaban mudando las cabañas (más sobre esto después).
A la pareja y sus padres ni los acercaron a la sala de masajes y mucho menos al cuarto de televisión. Imaginamos un convenio de Maria con su vecino les proporcionó un par de casas a unos 50 metros del comedor.
Ahora lo de la mudanza; toda la población masculina de la vecindad pegaba hombro con hombro y esperaba el conteo para levantar la casa y empezar a caminar, dos güaduas gruesas atravesaban la casa y proporcionaban mas espacio para alzar (al estilo rey y sus sirvientes). Siguiendo las direcciones del "patrón" caminaban como hormigas de un lado para otro, al final, sorprendentemente, lograron parquear la casa encima de la cimentación preparada. Luego vino la otra. En sus descansos unos tragos de ron local (el costo de la media botella es de 40 pisos [pesos, como Impanada y Empanada] es decir 1U$). Ver el siguiente link para verlo en diferido. ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,
Caminando al rededor de la isla encontramos esos paisajes que siempre es lindo ver, personas con sus animales, casitas (una era una mansión, pero solo una), mar, barcos, pescadores y cotidianidad. Así nos dieron las 4 de la tarde del 10 de marzo, hora acordada para nadar con los tiburones ballena. Nos reunimos en el comedor y esperamos al capitán y el guía. Llegó el capitán, tarde para nuestra cita, con cara de desconcierto. El guía, que venía detrás de él, se había refundido en el pueblo. Nos dijeron que había ido a buscar se equipo, la verdad de qué pasó nunca nos fue revelada. Casi a las 5pm, a punto de darnos por vencidos, apareció el guía con una careta de snorkel (equipo profesional para el avistamiento de ballenas). Salimos en el, ya familiar, barco en la misma dirección que en la mañana, esta vez mucho mas despacio. Navegamos hasta que el sol cayó viendo plancton y medusas, signo claro que los gigantes debían estar cerca, pero ninguna dorsal sobresalía del agua, que ya para esa hora estaba del habitual color mercurio. Antes de las 7pm volvimos con la careta entre las piernas! Ni una ballenita! Como nos íbamos al día siguiente, no tuvimos más oportunidades pero, ya habrán otras.
Comimos, la habitual ración de pescado fresco y delicioso, y faltando pocas horas para el cambio de día nos pusimos a celebrar el cumpleaños; Ron (el de 40 pesos), cartas y buena onda. Los cuatro estuvimos en el comedor hasta que, al rededor de la 10pm, el generador se apago y con este las luces. En ese momento decidimos continuar la celebración frente al mar. Prendimos las velas, dotación proporcionada por Maria, y nos sentamos usando la nariz de un pequeño barco pesquero como mesa. Por ese entonces ya la segunda botella se empezaba a acabar y las 12 estaban cerca. Algo para recordar era el movimiento de mano estilo Tic que le entró a Eva, se los describimos en una frase y ustedes actúen como se lo imaginan. Es el movimiento que acompaña el "Ayss, no me molestessss, amigassss".
Llegaron las 12, brindamos, volaron los besos, los abrazos y las felicitaciones. Eva y Bastian sacaron un envoltorio de papel higiénico adornado con dos flores blancas. Un REGALO!!! La pulsera de artesanía local con diente de tiburón todavía acompaña a Martin en su tobillo izquierdo. Que buen detalle, se lucieron (Gracias otra vez chicos). La noche se acabo entradas las horas de la mañana.
Al día siguiente, después de desayunar, salimos de vuelta al puerto de Baclayon. Esta vez, para finalizar el programa, los productores eligieron un día de lluvia. Una cortina gris apareció frente a nosotros, y donde estaba Bohol, ahora era el fin del mundo. Al final llegamos como vinimos, empapados a coger un bus que llevaría a Tagbilaran en donde nos separaríamos definitivamente de Bastian y Eva. Ellos se fueron en caza de la playa y el hotel perfecto y nosotros esperamos a que nos recogieran del hotel que habíamos elegido en Panglao, el Bee Farm.
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