Llegamos a Kep lo suficientemente temprano para hacer la llamada. Se acercaba el medio día y en Colombia su opuesto natural, la llamada fue una gran sorpresa y Natis estaba feliz de haber llegado a tiempo (Martin también por que es un buen cuñado).
Habíamos reservado un hotel, The Boat House, que nos trató bien y su gente era muy amigable. Nuestra habitación en el segundo piso era lo suficientemente grande para nuestra rutina de la mañana. En las tardes salíamos a hacer diferentes visitas. La primera caminamos por el minúsculo pueblo y su carretera costera. Si de algo nos acordamos es de sus extrañas estatuas. Un cangrejo gigante, la esposa de un marinero desnuda esperando a su marido, dos gallinas y los ya nombrados delfines del puerto.
Kep nació, a principios del siglo XX, como lugar de retiro para la elite francesa que gobernaba por esos tiempos. Varias mansiones al estilo modernista fueron construidas a lo largo de la costa y una ciudad se desarrollo al rededor de ellas. En los 60's, después de la independencia, los gobernantes locales se apropiaron de ellas y las hicieron suyas. En los 80's abandonadas, gracias al ya muchas veces nombrado, régimen del Khmer Rouge fueron saqueadas y hoy los esqueletos rectilíneos del concreto modernista adornan la costa. Algunas han sido reconstruidas por los nuevos gobernantes de Cambodia (No les suena a historia vieja). El resto del pueblo lo constituye un paradero de bus rodeado de restaurantes, el famosísimo mercado local de cangrejos y un bellísimo y bien mantenido parque natural. Esa noche vimos una película en la sala común que por alguna razón se sintió correcta; V de Venganza (No les suena a historia vieja).
La siguiente tarde, ya conocen como transcurre la mañana, cogimos prestadas dos bicicletas del hotel y nos dedicamos a recorrer las ruinas de las antiguas villas. Nuestra última parada fue en búsqueda de la famosa "Piedra del atardecer" situada en medio del parque natural. Al llegar a las cercanías vimos un aviso amarillos que anunciaba el kilometro 7.2 y el punto mas bajo del parque a 13 metros de altura. A la derecha señalaba el "Sunset Rock" y muchos mas puntos, a la izquierda, a 838 metros, el kilometro cero y el inicio del circuito que rodeaba el parque. Viendo este aviso y sabiendo que al siguiente día habíamos planeado nuestra partida, decidimos quedarnos un día mas en la ciudad del sur y recorrer la totalidad del parque. La piedra del atardecer sería el ultimo lugar.
Sabiendo que eran solo ocho kilómetros de caminata y que no nos llevaría tanto tiempo, la mañana transcurrió entre yoga, lectura y comida. A las 2.30 pm salimos del hotel en búsqueda del kilometro 7.2. Nuestro primer destino el kilometro cero. En él una caseta de guarda parques recolectaba el costo de la entrada (que suerte pensamos, cobran la entrada, ahora es una buena señal). Seguimos caminando y nos encontramos con un camino fácil y amplio que rodeaba la montaña. El parque nacional de Kep es el más pequeño de Cambodia y se alza sobre el pueblo en una colina que llega a casi 800 metros (si mal no recordamos). En el camino unas bancas servían de miradores y cada una estaba marcada con lo que se veía, algunas de ellas fueron donadas por negocios locales y miraban hacia ellos (ej. Sailing club). El parque estaba rodeado de silencio y arboles. Es chistoso como el sonido de los miles de pájaros que cantaban es considerado silencio¿?. Caminamos alrededor de todo el parque, hacia la derecha, la montaña y los arboles, hacia la izquierda, la vista que la primera mitad fue costera y el resto hacia valles y más colinas. Casi de vuelta al km 7.2 un camino ascendía hacia el Sunset rock. En el camino hacia arriba un monasterio de monjas budistas (cómo se llama el monasterio que es de monjas? Monjasterio?). Parecía una edificación en ruinas pero adentro, guardados detrás de cristales, miles de estatuas de Buda. Un momento único en nuestro viaje. Una pequeña estatuilla de una mujer vestida de blanco se encontraba en las cercanías. En la religión budista los monjes siempre van de color azafrán y las monjas de blanco, las túnicas, sin embargo son parecidas. Hombres y mujeres van rapados.
A unos 400 metros después del monjasterio por una trocha entre la montaña se encontraba nuestro destino. Llegamos a la roca pasadas las 5.30 de la tarde. La vista era infinita, pensamos ver al fondo Tailandia y el sol se reflejaba en el mar incandescente; entre el reflejo un pequeño islote cortaba los rayos. Nos quedamos viendo hasta que el sol se escondió y antes de que la oscuridad llegara emprendimos camino. A la altura del monasterio una familia Geingocambodiana cruzaba en dirección opuesta en una camioneta llena de gente, el dueño iba a pie con dos amigos. Sabiendo que había un atajo entre la montaña que nos ahorraría un larguísimo camino de vuelta por la carretera, le preguntamos a los caminantes por él. Nos señalaron hacia arriba diciendo que lo habíamos pasado. Nos devolvimos a buscarlo y al ver que había oscurecido y la camioneta ya se había devuelto por la carretera por donde subía decidimos que era mejor el camino largo. Cuando íbamos hacia abajo el estadounidense corría hacia nosotros y cansado nos dijo - "me confundí el atajo es mas abajo" - no podíamos creer que había vuelto por nosotros, un hombre de buen corazón. Conociendo la historia de Cambodia nos aconsejo no caminar por entre la montaña y mucho menos de noche, nos sugirió seguir por la carretera. Aunque se dice que este parque nunca fue minado, no hay que confiar en los récords de guerra. Le dimos las gracias y seguimos caminando hacia abajo listos para recorrer otra hora de camino. Antes de poder dar el primer paso, nos invitaron a colgarnos por fuera de la camioneta, dentro de ella unas 13 personas se apelmazaban. Una imagen de un jeep en la zona cafetera es el mejor símil solo cambien el jeep por una Land Cruiser último modelo.
Esa noche comimos cansados pero felices y nos alistamos para nuestro regreso a Phnom Penh, debíamos pasar un día allí para coger nuestro vuelo fuera del país.














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