martes, 27 de marzo de 2012

Diarios de motocicleta 11, La circunferencia y los picos de Siquijor.

Volvimos de nuevo a las conocidas automáticas 100cm y a las aventuras sobre ellas. Esta tendría un evento nunca antes visto.

Salimos del hotel, al sur de la isla y empezamos buscando el norte por el oeste, es decir con las manecillas del reloj (a la izquierda). Sabíamos que entre San Juan y la capital de la isla se encontraba una playita famosa. La entrada entre la iglesia y la cancha de basket, recuerdan la colonia española y gringa?, nos llevó a una carretera destapada que en menos de un kilometro se termino en una propiedad privada, a la izquierda diferentes calas de arena blanca llenas de pescadores. Salimos y continuamos como el reloj. Al llegar a Siquijor recorrimos la pequeña ciudad en búsqueda del muelle y el ferry ya que los horarios de estos son el secreto mejor guardado de filipinas y para hacerlo más interesante lo cambian cada rato. La conclusión de la investigación fue que para seguir a la isla de Bohol, nuestro siguiente destino, debíamos ir de nuevo a la isla de negros o coger el barco de las 7.30pm en el puerto de Larena (ciudad de la costa norte, es decir el punto mas opuesto a nuestro hotel) y llegar a lo desconocido de Taglibaran (capital de Bohol) casi a la media noche. Decidimos la opción 1 para el día de nuestro viaje.

Habíamos calculado estar en la ciudad al medio día, con la playa anterior llena de pescadores, y cuando hablamos de llena nos referimos a que no cabe un alfiler, llegamos casi dos horas antes de lo previsto. Nuestro plan era almorzar en un hotel cercano llamado Villa Marmarine, que es el de los Japoneses, como opción a esto decidimos empezar el ascenso a la única montaña de la isla. En este momento todo paso.

En una carretera desolada y en casi buen estado, rodeada por un bosque frondoso, con curvas amenazadas por los vacíos y pendientes empinadas, se nos ocurrió que era el momento, que ya había sido suficiente, que era hora de un cambio; Natis pasó al volante. A 20km/h surcamos orgullosamente la jungla, sus curvas y sus pendientes. La conducción fue excelente. Cuando el nivel de la carretera aumentó considerablemente (i.e. Pendiente en bajada con curvas cerradas, huecos en la carretera y piedras grandes) cambiamos de nuevo a la posición habitual. Ya faltaban pocos metros para volver a la carretera principal y volver al sur en búsqueda del restaurante (como ya cambiamos de punta de la isla ahora el sur es a la izquierda).

Almorzamos y podemos decir que fue delicioso. Pasta de calamares en su tinta y un Cordon Bleu nos costaron centavos. La mesa en el balcón era azotada por fuertes vientos mientras el mar rompía fuertemente contra la playa, el opuesto a nuestra calmada costa.

Al terminar de almorzar continuó la vuelta a la isla, de nuevo al norte hacia la izquierda. Recorrimos varios kilómetros hasta que el oeste se convirtió en el norte y el norte en el este. En ese recorrido vimos una iglesia. Grande, vieja y con mosaicos en su fachada llamó nuestra atención. Dimos la vuelta y parqueamos nuestra moto; grande si era, vieja nos quedó la duda y los mosaicos se convirtieron en trazos de pintura que de cerca parecía un camuflaje del ejercito. Era grande.

Seguimos hasta que llegamos al sur. Durante todo el trayecto nos acompaño un paisaje siempre cambiante, es como si cada cuadrante de la isla perteneciera a otro lugar. Ciudad, costa, manglar y selva y dentro de ellos un sin fin más.

En el sur nos desviamos de nuevo de la carretera principal en búsqueda de una pequeña bahía. Sin ninguna señalización recorrimos varios kilómetros preguntando el camino hasta que llegó el momento en que nos señalaron en dirección opuesta; de hay en adelante intensificamos la preguntadera. (Como son juiciosos y leyeron el capitulo de bienvenidos a Filipinas saben que aquí todos hablan ingles).

Al fin llegamos al cruce y nos encontramos con un karaoke a la izquierda y el primer letrero que nombraba nuestro destino. Kagusua Beach estaba cerrada y un letrero viejo e inmenso obstruía el paso. El señor del karaoke, al ver nuestra cara de decepción, salió a nuestro rescate. Nos dijo-"pueden seguir" o "you can go" (para hacerlo más real)- desconcertados lo miramos sin entender, con sus ojos señaló una trocha que se notaba llevaba ya muchos años de existencia. La tomamos pensando que nos adentraríamos en la selva pero lo único que hizo fue darle la vuelta al letrero. Ahora del otro lado un angosto camino de cemento se veía rodeado por hojas y selva. Un par de cientos de metros adelante un área para parquear y unas escaleras, pensábamos que íbamos a ser los únicos pero otra moto estaba allí. Descendimos y nos encontramos una playa desolada que parecía un cliché. Arena blanca, rocas, acantilados, arboles florecidos, el sonido del las olas rompiendo fuertemente y por supuesto agua turquesa y cristalina. Entendimos el por qué de los clichés. Caminamos y encontramos una familia local. Mas adentro encontramos varios esqueletos de pequeños barcos pesqueros y las ruinas de unas mesas de concreto y sus parasoles, parecía que un tifón hubiese acabado con las precarias construcciones. Estuvimos un buen rato solo estando un buen rato, caminamos hasta el fondo que no era mas allá de cien metros y nos sentamos. Luego preguntaríamos por esa playa y nos dirían que el gobierno la había cerrado para desarrollarla (Esperemos que el contrato no se lo den a los chinos).

Volvimos a casa cansados de un largo día y nos tomamos un par de cervezas y una ensalada de algas, rara y buena combinación. Dos días después saldríamos para Bohol tomando el camino por Dumanguete.

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