martes, 13 de marzo de 2012

Phnom Penh. Último día en Cambodia.

El ultimo día fueron dos noches, lo que pasa es que el día de llegada llegamos y el día de ida nos fuimos; eso nos deja con un día completo en la ciudad.

Buscamos otra zona para dormir para darnos el lujo de conocer un área nueva. Escogimos el sector del lago. Llegamos a un barrio que se veía en "deconstrucción". Varios negocios cerrados y muchas de las casas demolidas. Lo más impresionante fue ver, el también deconstruido, lago ahora relleno de escombros listo para urbanizar. Nuestro hotel seguía en pie pero la prometida vista era más árida de lo esperado. Teniendo solo un día más decidimos olvidar la vista y aceptar el casi limpio cuarto (Lado positivo: fue el más barato de Cambodia). Abajo una cafetería que olía a hierva y comida. Estábamos en un mundo post-apocalíptico, recuerden Mad Max!

La mañana siguiente decidimos caminar. Nuestro primer destino el lugar que le da su nombre a la ciudad, Phnom (monte) Penh. Dice la leyenda que en el año de (nuestro señor no de Buda, same same but diferent) 1373 cuatro estatuas de Buda (por eso la aclaración del año) fueron depositadas allí por el Mekong y Madame (la señora) Penh (como la ciudad) las encontró y erigió un templo para ellas. El wat que hoy las guarda fue construido sobre la única colina de la ciudad, de ahí Phnom Penh. Caminamos alrededor de la arborizada, agradable y baja colina y nos sentamos un rato en una de las bancas dispuestas allí. Contemplando. Dos serpientes de Naga guardaban las escaleras que decidimos no subir. Arriba de ellas el templo, las reliquias y estatuas de dioses hinduistas.

Nuestro siguiente destino Toul Sleng. A este le habíamos huido en nuestra primera visita a la ciudad. Julia, que se quedó un día mas antes de ir al sur a encontrarnos lo había visitado y nos había dicho que era interesante y no tan terrible como nos habíamos imaginado. Este museo es mejor conocido como S-21, Security Prison 21. Un colegio fue convertido en 1975 por Pol Pot en una cárcel de máxima seguridad y en el centro de interrogación y tortura más grande del país. La razón por la que le huimos la primera vez fue porque en sus tres años de funcionamiento más diecisiete mil personas sufrieron en sus aulas antes ser enviadas a los campos de la muerte (killing fields). Los meticulosos líderes del Khmer Rouge guardaron registros fotográficos de cada uno de los prisioneros, antes y después.

Siguiendo los concejos de Julia, nos armamos de valor y tomamos un tuk tuk hacia las puertas del "museo"; al bajarnos decenas de hombres se acercaron a nosotros a pedir algo de dinero, al levantar la mirada nos dimos cuenta que todos eran sobrevivientes de una explosión. Entramos a lo que algún día fue un colegio y vimos sus tres edificios principales y el campo de ejercicios. Cada salón fue transformado en celda y el campo de ejercicios en campo de torturas. Lo primero que uno encuentra son las 14 tumbas de los últimos habitantes de la prisión torturados hasta morir y dejados abandonados justo antes de que los vietnamitas reclamaran la ciudad. Al costado un cartel con las reglas de la cárcel y un ejemplo de un interrogatorio común, que leerlo es suficiente para sentir lo indescriptible. El primer edificio, Bloque A, contenía las celdas de los prisioneros mas importantes; hoy día se ven las camas de metal y los grilletes, en cada pared una foto del "después". Son tres pisos y el primero fue suficiente para no querer subir al segundo.

Luego el Bloque B. Un laberinto con miles de retratos toma la extensión del edificio. De nuevo el primer vistazo fue suficiente para no poder seguir; niños de menos de tres años sufrieron el mismo destino que ancianos de 80. Ver esas caras en el uniforme negro hizo que todo lo demás dejara de importar y lo único que pudimos hacer fue sentarnos bajo un árbol a respirar. Mientras escapábamos del lugar una señora promocionaba un libro con el relato de uno de los siete únicos sobrevivientes; al mirar detrás del escritorio el autor firmaba su obra. ¿Cómo mira uno a alguien que ha sobrevivido eso?, ¿Por qué lo vuelven a traer al lugar que lo hizo sufrir tanto?; esas y mil preguntas más llegaron a nuestra cabeza en el segundo que lo vimos, sin saber que más hacer hicimos un gesto de reverencia y seguimos escapando.

¿Qué debe hacerse con estos lugares y estos hechos, volverlos un recordatorio y mantenerlos presentes o dejarlos sanar en el tiempo?

Después de esto dimos por terminado nuestro tour y esperamos a la mañana siguiente la ida al aeropuerto.

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