Desde la orilla contraria, parados frente a la canoa que nos ayudaría a cruzar el río, vimos a Laos y nuestro primer destino, Huay Xai. En este pueblo fronterizo, que desde hace 5 días contemplábamos desde el balcón y tantas incógnitas nos despertó, debíamos hacer imigración y conseguir la visa para acceder a Laos.
Papeles necesarios, ninguno, solo la foto tamaño visa o la fotocopia de algún documento con el retrato. Fácil por ese lado. Nos bajamos de la canoa y ascendimos las escaleras del nuevo puerto para encontrarnos con dos ventanillas de atención, una de sellado y algo mas de cien personas tratando de conseguir el preciado sello en el pasaporte. Se empezó a poner complicado. Siendo las 10 am teníamos una hora antes de que el barco que nos llevaría a Luang Prabang zarpara por el Mekong. Miramos el cuarto, no había filas demarcadas, vimos que debíamos llenar unas formas y entregarlas. Dónde están los formularios? Las cien personas gritaban y se afanaban en cien idiomas distintos, casi todos sabían que el barco iba a zarpar. Al fin una mano apareció del tumulto y nos pasó los formatos que llenamos de pie mientras nos acercábamos a la ventanilla. Los entregamos, por colombianos nuestra cuota fue de U$ 30 (cambia según nacionalidad) y a los pocos minutos nuestros nombres fueron llamados y nos devolvieron los documentos con un nuevo sello que nos autorizaba a seguir; por alguna razón personas que estaban cuando nosotros llegamos no habían podido descifrar el funcionamiento del proceso y nos preguntaban en un ingles del norte de nuestro continente ¿Dónde consiguieron el formulario? No están acostumbrados a no tener filas.
Pasamos y caminamos dos kilómetros, casi trotados (claro, con las maletas a full), para llegar al barco; no hacerlo significaba dormir un día en el pueblo y esa idea no nos gustaba. Al final llegamos al puerto, no sin antes notar las panaderías y los baguettes exhibidos en la calle (algo ya inusual para nosotros en el resto de los países, bendita colonia francesa). Nos relajamos con el tiquete en la mano y los asientos de nuestro bote escogidos.
Esperamos hasta que el último de los perdidos amigos del norte se subió y con el bote lleno zarpamos a lo que serían dos días bajando por el Mekong. Podemos describirlo como espectacular escenario!
Después de seis horas, que pasaron rápido, llegamos a Pak Beng. La noche la pasaríamos en este pueblo a mitad de camino que por su alto flujo de personas tiene todas las instalaciones listas y esperando por el barco diario.
Ya experimentados en hoteles, baños y limpieza escogimos rápidamente el que llenó nuestras expectativas y salimos a caminar la única calle cuesta arriba.
Por fin probaríamos la famosa BeerLao, la cerveza nacional dueña del 99% del consumo local de esta bebida. La historia es muy interesante, les recomendamos la busquen porque es muy larga de escribir; destacados de ella, viaje a la antigua Yugoslavia, caída del comunismo e historia del mercadeo. Sin más, la probamos y al día de hoy hacemos parte de ese porcentaje de fieles consumidores diarios!
A la mañana siguiente el bote salía a las 9 am, desde las 7 se podía oír como toda la ciudad se movía al unísono, todas la duchas al tiempo, todos los desayunos al tiempo y toda la compra de sanduches para el camino al tiempo. A las 8.30 emprendimos camino hacia el muelle para descubrir que el barco no era el mismo, era mas pequeño y con 1/3 menos de sillas. Alcanzamos a encontrar una de las ultimas sillas y de nuevo nos sentamos a esperar. Cuando el barco se llenó y aun quedaban varias personas por fuera una pequeña revolución de turistas ton lugar, demandaban otro barco; media hora después los locales cedieron y otra embarcación llegó a puerto. Al fin salimos y de nuevo el paisaje nos descrestó. Esta porción del viaje fue mas larga y algo mas agotadora pero nos recompenso con el atardecer llegando al puerto de Luang Prabang donde pasaríamos 31 de diciembre y tendríamos nuestros primeros encuentros con la cocina tradicional de Laos.














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