Volamos desde Singapore hasta el sur de Tailandia. El aeropuerto de Phuket nos recibió. Ya hábiles y entrenados en todas las maneras de cobrarle al turista el doble, pasamos derecho por todos las casetas de información turística y caminamos al bus local lo que inmediatamente rebajó más de la mitad del precio.
Phuket es un isla en la costa de Andaman al sur de Tailandia, su capital, que comparte el mismo nombre, queda al sur, desde el aeropuerto toma 1 hora atravesarla. La isla, famosa por sus playas y sus fiestas son el principal destino turístico del país. La ciudad alejada de la costa es famosa por el barrio colonial y la comida que, comprobado, es deliciosa.
Estuvimos una noche como puente necesario para ir a las pequeñas y famosas islas de Ko (isla) Phi Phi. Esa noche caminamos por el barrio antiguo; el lugar es casa de muchos pequeños restaurantes que bordean sus calles ofreciendo los platos y especialidades. Entre muchos, escogimos uno que al día de escribir esto, casi 10 después, seguimos pensando que ha sido el mejor; si mal no recordamos su nombre era Kopitiam. El final de la noche lo pasamos en el balcón de nuestro cuarto de lujo con baño compartido tomando cervezas y discutiendo sobre Singapore y las leyes paternalistas; al final ya no importa.
Al día siguiente nos recogió un minibus para llevarnos al puerto y al ferry que nos llevaría a Ko Phi Phi Don, la isla habitada perteneciente a la reserva natura de las Phi Phi. Desde el barco se veía un paraíso natural compuesto par dos islas principales Phi Phi Leh y Don y cuatro pequeños islotes. Una vez abajo en el muelle nos encontramos con un pueblo ultrapoblado de turistas y locales vendedores. El paraíso había sido tomado por Resorts de no muy alto estándar y casetas de información turística vendiendo los famosos, gracias a Leo Di Caprio, paseos a "The Beach" la famosa playa de la película.
Lo mejor de la islas fue conocer a Laura y Simone de Alemania. Cuando el ferry llego a tierra, los cuatro, con caras de perdidos decidimos buscar un hotel alejado del caótico puerto.
Emprendimos camino hacia "Long Beach", una playa a 30 minutos caminando por la montaña; la isla no tiene carreteras, que con las maletas se convirtió en una hora. A nuestro grupo se unió Cheryl, una canadiense que decidió darse un tiempo fuera de su país.
Los 5 caminamos por el camino del monte hasta que encontramos a un húngaro que volvía de nuestro destino con las noticias que los hoteles estaban llenos. Volvimos al hotel que acabamos de pasar a averiguar los precios y ver las habitaciones. Al final no había opción, Cheryl cogió la habitación con baño privado y nosotros 4 lo compartimos en habitaciones mas sencillas.
En la noche buscamos un tour, es obligado, a la isla vecina y alrededores para conocer todas las maravillas recomendadas. El snorkel no nos sorprendió pues era mas bonito ver las formaciones rocosas de las montañas y las playas blancas que el fondo marino.
La ultima parada, lo adivinan, "the Beach". En realidad es hermosa, de fina arena blanca y rodeada de acantilados genera un lugar natural muy especial. Sin embargo los cientos de turistas diarios y los botes con música a todo volumen hacen que el paraíso se pierda entre la multitud.
Al día siguiente nos despedimos de nuestras amigas y nos embarcamos hacia Raylai.
Nota a las fotos. Encontramos ángulos sin turistas, al rededor hay 10000. No se deje engañar.





















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