Desde Chaing Mai es muy común para los viajeros ir hasta Pai, la primera ciudad de la provincia de Mae Hong Son. Pasamos por ella en el bus, después de 2 y media horas, y nos dio una buena sensación sin embargo, habíamos oído que se esta convirtiendo en el Th. Khao San, que si leen el capítulo de Bangkok saben que es, del norte. Decidimos por esta razón continuar. La carretera principal que comunica Chiang Mai y Mae Hong Son, ciudad capital de la provincia que comparte su nombre, es angosta, curvosa y lenta. Nuestro destino planeado era un pequeño pueblo Shan (una minoría tailandesa que habla un dialecto Thai y habitan exclusivamente la provincia de Mae Hong Son) cerca de varias tribus de que habitan las montañas de Tailandia, llamado Mae La Na unas dos horas después de Pai. Las minorías étnicas del norte de Tailandia son reconocidas como las "tribus de montaña" y provienen originalmente de China, Tíbet, Myanmar y Laos cada una con sus costumbres, creencias, lenguas y formas de vestir diferentes. Se dividen en tres grupos lingüísticos principales el Tibeto- Burmes a las que pertenecen los Lisu, Lahu y Akha. Los Karenic conformados por los Karen y los Kayah y por último los Austro- Thai; Hmong y Mien.
Para llegar al pueblo hay que desviar el camino a una carretera secundaria que solo tiene transporte publico en las horas de la mañana; por esta razón nos vimos obligados a parar en Soppong, un pequeño pueblo de carretera cercano a La Na.
El bus nos dejó en la parada oficial al frente del mercado, unos 500 metros adelante se encontraba el hotel que habíamos escogido en nuestra guía para pasar la noche. Al llegar a el, nos encontramos con la noticia que estaba lleno, seguíamos en el fin de semana festivo y los locales colonizaron la zona. Nos vimos obligados a buscar hotel, el otro elegido en la guía era al otro lado del pueblo que con las pesadas maletas fue descartado. Así preguntamos en varios hasta entrar al que habíamos dejado de ultima opción.
El Jungle Guest House tenía un pequeño letrero negro en forma de flecha señalando la dirección a un camino de tierra. Listos para una larga caminata descubrimos que 50 metros después un deck de madera vieja servia de pórtico a una casa con las mismas características. No sabemos si fue el perfecto toque añejo de la casa, el hecho de ser el único lugar del pueblo donde no se veía la carretera o su hermoso jardín que nos dio un sentimiento de paz. Empezamos a saludar y a buscar a alguien. En ese momento apareció Da; una mujer que nos sonrió de oreja a oreja y se ofreció para mostrarnos el cuarto. La energía de ella termino de volver perfecto el lugar, instantáneamente nos sentimos protegidos y bien. Nos mostró una pequeña cabaña, la que todos pintamos cuando tenemos 5 años, que custodiaba una cama doble y un baño al estilo local. Todo iba bien, el precio perfecto, lo mas barato que pagamos en Tailandia, cuando Da nos ofreció algo de comer. Nos mostró el menú de platos típicos tailandeses y algunos occidentales y nos sorprendió cuando llegaron los deliciosos Currys Rojos con vegetales recién arrancados de su huerta. Con la comida se cierra el paquete, todo era perfecto.
La esperada noche se convirtió en 4 que podrían haber sido muchas mas si la presión de la visa lo hubiese permitido. Cada noche Da y su esposo prendían la fogata para calentar las frías noches de las montañas.
Al encontrar un lugar donde descansar, Martin cayó enfermo como un camello. Los días pasaron lento y las caminatas tuvieron el mismo paso. Desde el Guest House conocimos las cuevas cercanas y caminamos a otras pequeñas aldeas de tribus locales.
Decidimos aventurarnos a dar una vuelta de 15 km a paso de enfermo. El destino 4 aldeas diferentes que forman una U por una carretera secundaria. Siguiendo el básico mapa provisto por Da nos desviamos hacia el sur y empezamos el ascenso a la montaña.
Pasamos la primera aldea y seguimos ascendiendo, debíamos encontrar una Y y cruzar a la derecha. Encontramos el anhelado desvío y nos adentramos en una carretera destapada que nos condujo a otra aldea, para este momento ya dudábamos si la "y" era la "Y". Atravesamos la aldea y seguimos el camino por entre los cultivos, un grupo de locales limpiaba la tierra para alistarla para la próxima siembra. Nos saludamos y continuamos con nuestros asuntos. Unos 500 metros adelante, todavía en pendiente ascendiente, la carretera se transformó en una angosta trocha. Detrás nuestro un local seguía nuestros pasos, al llegar a una segunda Y, ya donde estábamos no salía en el mapa, el local vio que dudábamos, nos hizo la seña de seguir a la derecha y de siempre coger el camino de la derecha. Así lo hicimos y la subida se convirtió en un placentero plano. El pequeño camino se adentró en la montaña y los cultivos y la civilización quedó atrás. Mas adelante la descrita división apareció y la derecha fue la elección. Caminamos algo mas de media hora por el estrecho camino con paisajes monumentales, cadenas montañosas en degrade de azules y densa naturaleza gobernaba la tierra de nadie.
Encontramos de nuevo una carretera destapada que nos conducía hacia abajo, ya desubicados solo podíamos seguiría. Empezamos el descenso por entre nuevos cultivos. Frijoles, zanahorias, maíz entre muchos otros dominaban las cosechas. Después de un largo descenso de casi una hora nos vimos forzados a tomar una nueva decisión, izquierda o derecha? La izquierda fue nuestra elección, ya muy lejos del lugar de la recomendación pensamos que no aplicaba. La ruta se volvió mas agreste, desde la segunda "Y" no veíamos a nadie y las pequeñas cabañas construidas para las cosechas se veían abandonadas y deterioradas. Martin empezó a sentir el cansancio de la enfermedad y el sol a cambiar de lado. Seguimos nuestro camino, Natis al frente, cuando de repente una culebra a unos pocos centímetros de la bota de Natis, alzó la cabeza y escapo. Un momento de completo silencio se oyó una vez la culebra se abrió camino por la pradera, completamente quietos nos miramos y supimos la suerte que teníamos.
Unos metros mas adelante ese camino se acabo, era la vía a un nacimiento de agua, la única opción, volver atrás y lo que fue una bajada empinada era ahora una muy empinada subida. Decidimos volver por el mismo camino, el sol seguía bajando y sentimos la premura del tiempo. Recorrimos nuestros pasos y dos horas después salimos a la carretera pavimentada. Un local al ver nuestra cara de cansancio nos dio agua. Al probarla estaba caliente, la conservan caliente para calentar el cuerpo en las frías montañas. Ya en la carretera una camioneta se detuvo para acercarnos en el platón a Soppong. Algo pasadas las 4 pm llegamos al hotel y nos consentimos con la cocina de Da y con un té especialmente preparado para la gripa.
Los demás días solo los vimos pasar sentados en el jardín, compartiendo con una pareja de franceses, Les Mimoos, y cuando llegó el momento empacamos y nos fuimos a Mae La Na. La nostalgia del lugar fue tanta que después de un tiempo decidimos volver al Jungle Guest House y quedarnos una noche más.





















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